¡¡¡¡¡SALUDOS MEXICO¡¡¡¡¡¡¡

¡¡¡¡¡SALUDOS MEXICO¡¡¡¡¡¡¡

blogs de los alumnos ies joan miro

Alberto Moravia

Las siete. Me levanto procurando no despertar a Silvia, que duerme a mi lado. Camino desnudo y descalzo (no sé por qué, nunca he llevado pijama, bata o zapatillas; quizá sea por inconsciente polémica contra el hedonismo burgués), hasta llegar al estrecho y asimétrico cuarto de baño que mi padre hizo construir para mi esposa y para mí en un rincón de su amplia vivienda. No hay bañera; sólo una ducha allá donde el techo oblicuo resulta más bajo, de manera que Silvia, al ser más pequeña, se moja sin necesidad de doblar la cabeza y yo en cambio tengo que agacharme.
Tras la ducha, limpio como de costumbre el cristal empañado de la pequeña ventana y miro al patio, más allá de las paredes rectas y desnudas, hacia el cielo, para saber qué tiempo hace. Luego me pongo delante del espejo del lavabo para afeitarme.
Surge entonces la cuestión de la barba: ¿Tengo o no que afeitarme? Mi barba es tupida y dura, difícil de afeitar. Además soy perezoso y descuidado, así que acabo afeitándome día sí, día no. Mientras intento resolver la duda del afeitado, aprovecho para mirarme: mi figura me intriga como si fuera la de otro.
Soy un hombre atractivo de unos treinta y cinco años, aunque no soy guapo, y la diferencia es importante. Mi rostro presenta rasgos viriles y débiles a la vez: los ojos son claros, la mirada escrutadora y a menudo irónica, y sin embargo, las cejas, vueltas para abajo, resultan poco enérgicas; la nariz es recta y firme, pero con las aletas fruncidas como en un gesto de asco. Tengo dentadura blanca y afilada de lobo pero labios carnosos y blandos; cabellos negros y brillantes, aunque ya ralos en la frente y en las sienes; la barbilla podría parecer imperiosa en principio, pero se repliega hacia adentro formando un pequeño hoyuelo en el centro. ¿Qué más? Quisiera ver también el resto de mi persona, pero las dimensiones del espejo me lo impiden; mientras no cambie de casa, por la mañana me tendré que resignar con estudiarme tan sólo la cara.
Sin embargo, el resto de mi persona puedo verlo poco después de haberme vestido, cuando paso por el recibidor y me miro de reojo en el antiguo espejo oscuro y rayado que está encima de la consola. Me reconozco, entonces, molesto y satisfecho al mismo tiempo, como ese peculiar personaje que suele denominarse intelectual. Si, soy un intelectual y se nota al instante, aunque sólo fuera por mi forma de vestir, de la misma manera que en la Edad Media se reconocía al clero por las prendas. Camisa azul, corbata negra, jersey azul marino o marrón, americana de pana verde o beige con coderas de piel, texanos o pantlones de paño gris, calzado deportivo de ante oscuro. Sin embargo, el elemento revelador de mi condición de intelectual es desde luego el aspecto ajado y trasnochado de estas prendas: el cuero de las coderas brilla, la camisa está raída, la corbata es vieja y arrugada, y los pantalones ya no llevan raya. Por otra parte, a excepción de este, llamémosle, "dos piezas", sólo dispongo de un traje azul marino para las grandes ocasiones: una celebración importante, una reunión oficial, una recepción, etc.

3 comentarios:

  1. hedonismo es una forma de vida que busca el placer y apartarse del dolor + o -

    ResponderEliminar
  2. ¿Consideras que el narcisismo o el hedonismo son algo malo etica o moralmente?

    ResponderEliminar

PERU TRAVEL

PUBLICIDAD GOOGLE

CONCURSO DE RECETAS 2013

CONCURSO DE RECETAS 2013
CLICA EN LA IMAGEN

Cuentos romanos : el rorro ( Verónica )

Cuentos romanos : el rorro     (  Verónica )
el rorro ; clica en la imagen

para practicar la redacción

colaboradores

links

Cartas a Alberto

  • cartas a Alberto
  • cartas a Alberto

Entradas populares