La Odisea de los Giles es una película argentina de aventura y drama estrenada en 2019, coescrita y dirigida por Sebastián Borensztein. La cinta está protagonizada por Ricardo Darín y Luis Brandoni. 2 El guion es una adaptación de la obra original de Eduardo Sacheri titulada La noche de la Usina, publicada en 2016.
Alberto Moravia . Cuentos romanos : El rorro (fragmento).
Un día que mi mujer andaba de mal humor le dijo la verdad a aquella buena señora que nos traía la ayuda de la Sociedad Asistencial de Roma y que no dejaba de preguntarnos por qué traíamos tantos hijos al mundo: “Si tuviéramos dinero, en la noche iríamos al cine… Pero como no lo tenemos, nos vamos a la cama y así nacen los hijos”. La señora se sintió ofendida al oír tales palabras y se fue sin decir nada. Yo regañé a mi mujer porque no es bueno decir siempre la verdad, y antes de decirla uno debe saber con quién trata. Cuando era joven, antes de casarme, a veces me entretenía leyendo la nota roja del periódico de Roma, en la que cuentan todas las desgracias que le pueden suceder a la gente, como robos, asesinatos, suicidios, accidentes callejeros. Y de entre todas estas desgracias, la única que me parecía imposible que pudiera pasarme, era la de convertirme en lo que el periódico llamaba “un caso piadoso”, es decir una persona tan desgraciada que inspira compasión sin que le haya ocurrido ninguna desgracia en especial, sino así nomás, por el solo hecho de existir. Era joven, como ya he dicho, y aún no sabía lo que significa mantener a una familia numerosa. Pero ahora, con asombro, veo que poco a poco me he convertido en un verdadero “caso piadoso”. Leía, por ejemplo: viven en la más negra de las miserias. Bien, yo vivo ahora en la más negra de las miserias. O bien: viven en casas que de casa sólo tienen el nombre. Bien, yo vivo en Tormarancio, con mi mujer y seis hijos en un solo cuarto y, cuando llueve, el agua va y viene por todas partes . En otra ocasión: mi esposa, infeliz, cuando supo que estaba embarazada, tomó una decisión criminal: deshacerse del fruto de su amor. Pues bien, de común acuerdo tomamos esta decisión, mi mujer y yo, al descubrir que estaba embarazada por séptima vez. En fin, decidimos abandonar a la criatura en una iglesia, tan pronto como lo permitiera el clima, confiándola a la caridad del primero que la encontrara. Mi mujer gracias a la intercesión de esas buenas señoras, se fue a parir en el hospital y, luego, apenas se sintió mejorada, regresó a Tormarancio con el nene. Al entrar al cuarto, me dijo: “¿Me creerías que, a pesar de que un hospital es un hospital, me hubiera gustado quedarme ahí con tal de no regresar nunca?”Era un nene hermoso y robusto, con un galillo muy fuerte; así que por la noche, cuando se despertaba y comenzaba a llorar, ya no dejaba dormir a nadie. Cuando llegó el mes de mayo y el aire se puso bastante tibio como para andar en la calle sin abrigo, salimos de Tormarancio y nos fuimos a Roma. Mi mujer cargaba al nene apretándolo contra su pecho, envuelto en un montón de trapos, como si fuera a dejarlo en un campo cubierto de nieve. Al entrar a la ciudad, tal vez para demostrar que no le dolía, empezó a hablar sin darse punto de reposo, alterada, jadeante, con los cabellos al aire y los ojos desorbitados. A veces hablaba de todas las iglesias donde podíamos dejarlo, haciendo hincapié en que debía ser una iglesia frecuentada por gente rica, porque si lo recogía alguien tan pobre como nosotros, más valía quedarnos con él; en otras me decía que era preferible una iglesia dedicada a la Virgen, porque la Virgen también había tenido un hijo, y podía entender ciertas cosas y le concedería su deseo. Su modo de hablar me cansaba y me ponía histérico, pues yo también estaba mortificado y me inquietaba lo que estaba haciendo, pero me repetía que era necesario no perder la cabeza, mostrarme sereno y animarla. Hice alguna objeción, al menos para interrumpir aquel río de palabras, y luego propuse: “Una idea… ¿Qué tal si lo dejamos en la Basílica de San Pedro?” Ella se quedó pensando un instante, luego repuso: “No, ésa es más bien una plaza de armas… ni siquiera lo verían… Prefiero hacer la prueba en una iglesia chiquita que está en la calle Condotti, donde están todas esas tiendas elegantes… Allí va mucha gente rica. Ése es el lugar”.Tomamos el autobús y, viéndose entre tanta gente, por fin se calló. De vez en cuando envolvía al nene de nuevo, apretado entre su cobijita, o le descubría el rostro, con precaución, para mirarlo. El nene dormía, con su carita blanca y chapeteada, hundida entre los trapos. Estaba mal vestido, como nosotros. Lo único bueno que llevaba eran sus guantitos de lana azul, y tenía las manitas , fuera, bien abiertas, como si los presumiera. Nos bajamos en la plazoleta Goldoni, y de inmediato mi mujer reinició con su parloteo. Se detuvo frente al escaparate de un joyero y, mostrándome las joyas expuestas en repisitas forradas de terciopelo rojo, me dijo: “Mira cuánta belleza… La gente viene a esta calle a comprar joyas y puras cosas bonitas… Aquí no vienen los pobres… Entre tienda y tienda van a rezar un rato a la iglesia… Tienen buena disposición… Ven al nene y se lo llevan”.Decía esto mirando las joyas, apretando al nene contra su pecho, con los ojos de par en par, como si hablara para sí misma. Yo no tuve el valor de contradecirla. Entramos a la iglesia. Era pequeña, pintada de color amarillo, jaspeado, como si fuera de mármol, con muchas capillas y el altar mayor. Mi mujer dijo que la recordaba distinta, y que ahora, viéndola bien, no le gustaba ni tantito. Pero mojó los dedos en el agua bendita y se santiguó. Después, con el nene en brazos, comenzó a recorrer lentamente la iglesia, examinándola con una actitud descontentadiza y desconfiada. De la cúpula, a través de las lumbreras, caía una luz fría pero clara. Mi mujer iba de capilla en capilla, mirándolo todo: bancas, altares, cuadros, para ver si era el caso de dejar ahí al nene. Yo caminaba detrás de ella, a una cierta distancia, sin perder de vista la entrada. Entró de repente una señorita alta, vestida de rojo, de cabellos rubios como el oro. Se arrodilló, forzando la estrechez de su falda, rezó tal vez ni siquiera un minuto, se persignó y salió sin mirarnos. Mi mujer, que había visto todo, me dijo de pronto: “No, no me gusta… Aquí viene gente como esa señorita, que tiene prisa de divertirse y ver tiendas. Vámonos”. Y diciendo esto, salió de la iglesia. Remontamos un buen trecho por el Corso, siempre corriendo, mi mujer adelante y yo tras ella. Cerca de la Plaza Venecia entramos en otra iglesia. Ésta era más grande que la otra, muy oscura, llena de telas, doraderas y vitrinas abarrotadas de corazones de plata que brillaban en la oscuridad. Había mucha gente y, a ojo de buen cubero, consideré que se trataba de gente adinerada; las señoras con sombrero, los hombres bien vestidos. Un sacerdote manoteaba desde el púlpito, predicando. Todo mundo estaba de pie, mirando hacia él, y pensé que eso era bueno porque nadie nos observaría. Le dije a mi mujer, en voz muy baja: “¿Quieres que lo dejemos aquí?” Me dijo que sí, a señas. Nos dirigimos hacia una de las capillas laterales, muy oscura; no había nadie y casi no se veía. Mi mujer cubrió el rostro del nene con una punta de la cobija que lo abrigaba y luego lo dejó sobre una silla, tal y como se deja un bulto estorboso, para sentirse más libre. Luego se arrodilló y estuvo rezando un largo rato, con la cara entre las manos, mientras yo, sin saber qué hacer, miraba los cientos y cientos de corazones de plata de todos los tamaños, que tapizaban las paredes de la capilla. Finalmente mi mujer se puso de pie, cariacontecida; se persignó y, paso a paso, se alejó de la capilla, y yo tras ella, a cierta distancia. En ese momento, el predicador gritaba: “Y Jesús dijo: ¡Pedro!, ¿adónde vas?” Lo percibí de inmediato, porque me pareció que me lo preguntaba a mí. Pero cuando mi mujer se disponía a apartar la cortina para salir, una voz nos hizo brincar a los dos: “Señora, dejó un paquete en la silla”. Era una mujer vestida de negro, una de esas beatas que se pasan todo el santo día entre la iglesia y la sacristía. “Es cierto”, dijo mi mujer, “gracias… Se me olvidaba”. En fin, recogimos el bulto y salimos de la iglesia más muertos que vivos. Ya fuera de la iglesia, mi mujer dijo: “Nadie quiere a mi pobre hijo”, más o menos como un vendedor que piensa vender pronto la mercancía y luego ve que en todo el mercado no hay nadie que se interese por ella. Mientras tanto, ella había empezado a correr de nuevo, con su modo enajenado, casi sin tocar el suelo con los pies. Fuimos a dar a la Plaza de los Santos Apóstoles. La iglesia estaba abierta y, tan pronto como entramos, al verla tan grande, tan espaciosa y oscura, mi mujer me susurró al oído: “Esto es lo que necesitamos”. Caminó decididamente hacia una capilla lateral, dejó al nene sobre una banca y, como sí el pavimento le quemara los pies, sin persignarse, sin rezar, sin siquiera darle un beso en la frente, se alejó de prisa hacia el portón de la iglesia. Pero sólo había dado unos cuantos pasos cuando la iglesia retumbó con un llanto desesperado: era la hora de mamar, y el nene, puntual, lloraba porque tenía hambre. Quizás mi mujer perdió la cabeza al oír un llanto tan fuerte. Primero corrió hacia la puerta, luego volvió sobre sus pasos, siempre corriendo, y, sin ponerse a pensar dónde estaba, se sentó en una banca, tomó al nene en brazos y se desabrochó para darle el pecho. Pero no acababa de sacarse completamente el pecho —que el niño, como un verdadero lobo, agarró a dos manos, callándose al instante—, cuando una voz grosera comenzó a gritar: “Esas cosas no se hacen en la casa de Dios. ¡Fuera, fuera! ¡A la calle!”Era el sacristán; un viejito con barbita blanca, y con una voz más grande que él. Mi mujer le dijo, levantándose y cubriendo lo mejor que pudo la cabeza del nene y el pecho: “La Virgen, sin embargo, en los cuadros siempre tiene a un niño en brazos”. El sacristán le respondió: “Y tú quisieras ser como la Virgen. ¡Presuntuosa!” Basta. Salimos de la iglesia y fuimos a sentarnos en el jardín de la Plaza Venecia; allí mi mujer le dio el pecho al nene hasta que éste se hartó y se durmió de nuevo. Ya era de noche. Estaban cerrando las iglesias y estábamos muy cansados, como idiotas, sin que se nos ocurriera nada. Me desesperaba el hecho de tener que pensar en algo que no tenía ganas de hacer, y le dije: “Mira, ya es tarde y no aguanto más. Tenemos que decidirnos”. Ella me contestó, con amargura: “Pero es tu sangre… ¿Quieres abandonarlo en cualquier esquina así nomás, como si fuera el cucurucho de tripas para los gatos?” Le dije: “¡Claro que no! Pero ciertas cosas se hacen pronto, sin pensarlo mucho, o nunca se hacen”. Y ella: “Lo que pasa es que tienes miedo de que me arrepienta y me lo lleve otra vez a casa… ¡Ustedes los hombres son unos cobardes!” Comprendí que no debía contradecirla en esos momentos y le contesté con moderación: “Te comprendo, no te apures… Pero date cuenta de que por muy mal que le vaya, siempre le irá mejor que si crece en Tormarancio, en un cuarto sin excusado ni cocina, entre las cucarachas en invierno y las moscas en verano”. Esta vez, ella no dijo nada. Sin saber adónde ir, tomamos por la calle Nazionale, recorriéndola hasta la Torre de Nerón. Poco más adelante, vi una callecita que subía, totalmente desierta, con un coche gris, cerrado, parado frente a un portón. Tuve una idea: fui hacia el coche, moví una de las manijas y la portezuela se abrió. Le dije a mi mujer: “¡Pronto, éste es el momento…! Déjalo en el asiento trasero”. Obedeciendo, ella dejó al nene bien acomodado en los asientos posteriores, y luego cerré la portezuela. Hicimos todo esto en un instante, sin que nadie nos viera. Luego la tomé del brazo y nos alejamos corriendo hacia la Plaza del Quirinal. La plaza estaba desierta y casi a oscuras, con pocos faroles encendidos bajo los palacios y todas las luces de Roma brillando en la noche, tras los parapetos. Mi mujer se acercó a la fuente bajo el obelisco, se sentó en una banca y de pronto empezó a llorar, agachada, dándome la espalda. Le dije: “¿Y ahora qué te pasa?” Y ella: “Ahora que lo he abandonado, siento que me falta… Que me falta algo aquí, en el pecho, donde se me colgaba… ”Le dije, por no dejar: “Bueno, es natural. Pero ya se te pasará”. Se alzó de hombros y siguió llorando. Luego, de repente, se le secó el llanto como se seca la lluvia en la calle cuando sopla el viento. Se levantó, furiosa, y dijo, señalando uno de los palacios: “¡Ahora mismo entro ahí y hago que me reciba el rey y le cuento todo!” “¡Detente!”, le grité, jalándola de un brazo, “estás loca. ¿Qué no sabes que ya no hay rey?” Y ella: “¿Y eso a mí qué me importa? ¡Voy a hablar con el que se quedó en su lugar! Alguien ha de estar”. En fin, ella corría ya hacia el portón, y no quiero ni imaginar el escándalo que habría armado si yo no le hubiera dicho de pronto, desesperado: “¡Óyeme…! Cambié de idea… Regresemos al coche nos llevamos al nene… Quiero decir que nos quedamos con él… Al fin y al cabo, da lo mismo uno más que uno menos…” Esta idea, que era la principal, suplantó inmediatamente a la de hablar con el rey. “¿Crees que esté ahí todavía?”, dijo, mientras se encaminaba rápidamente hacia la callecita donde estaba el coche gris. “Claro que sí”, le contesté. “No han pasado ni cinco minutos”.En efecto, el coche aún estaba ahí; pero en el preciso momento en que mi mujer se disponía a abrir la portezuela, un hombre maduro, chaparro, con pinta de autoritario, salió del portón, gritando: “ ¡Quieta, quieta! ¿Qué busca en mi coche?” “¡Busco algo que es mío!”, respondió mi mujer sin voltear a verlo y agachándose para recoger el bulto con el nene que estaba en el asiento, pero el otro insistía: “¿Pero qué es lo que se lleva? ¡Este coche es mío, mío! ¡No entiende?”. Hubieran visto a mi mujer. Irguiéndose, lo embistió de esta manera: “¡Pero quién te quita nada! No tengas miedo, nadie te quita nada. ¡Mira cómo escupo tu coche!” Y, dicho y hecho, le escupió la portezuela. “Pero ese bulto… ”, siguió diciendo el hombre, asombradísimo. Y ella: “No es un bulto… Es mi hijo… ¡Mira!”.Le destapó la cara al nene, mostrándoselo, y agregó: “Tú, ni naciendo otra vez, podrás tener con tu mujer un nene tan bonito como éste… ¡Y no te atrevas a ponerme las manos encima, porque grito y llamo a los policías y les digo que querías robarme a mi hijo!”. En fin, le dijo tantas cosas, que al pobre hombre, con la cara roja y la boca abierta, por poco y le da un ataque. Finalmente, sin prisa alguna, se alejó del coche y me alcanzó en la esquina de la calle.
Película ADÚ
En un intento desesperado por alcanzar Europa y agazapados ante una pista de aterrizaje en Camerún, un niño de seis años y su hermana mayor esperan para colarse en las bodegas de un avión. No demasiado lejos, un activista medioambiental contempla la terrible imagen de un elefante, muerto y sin colmillos. No solo tiene que luchar contra la caza furtiva, sino que también tendrá que reencontrarse con los problemas de su hija recién llegada de España. Miles de kilómetros al norte, en Melilla, un grupo de guardias civiles se enfrenta a un grupo de subsaharianos que quieren saltar la valla. Tres historias unidas por un tema central, en las que ninguno de sus protagonistas sabe que sus destinos están condenados a cruzarse y que sus vidas ya no volverán a ser las mismas.
Película : Sostiene Pereira
- Lisboa, 1938. Dictadura de Salazar. Adaptación de la novela homónima del escritor italiano Antonio Tabucchi. En 1938 (anexión de Austria por Alemania), cuando los totalitarismos triunfan en Europa, un periodista que ha trabajado siempre en la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de su periódico. Su sentido fúnebre de la cultura chocará con el espíritu vitalista de un joven colaborador. La estrecha relación que mantiene con él desencadena una crisis personal que altera radicalmente la vida del maduro periodista.
Película : Los camaradas
cine : 2 filhos de Francisco-2 hijos de Francisco
En una chacra prestada en la ciudad de Pirenópolis, provincia de Goiás, vive una familia y un sueño: transformar a sus dos (de nueve) hijos en exitosos músicos. La realidad humilde del interior no impedía que el padre, Francisco, dejara de hacer planes y realizar su sueño y el de sus hijos Mirosmar y Emival, más conocidos como “Zezé Di Camargo y Luciano” (Camargo y Luciano).
Pelicula Racconti romani
El guión de esta película es una adaptación de uno o varios relatos del libro Cuentos romanos del escritor A. Moravia .
Cuatro jóvenes romanos , Otello, Mario, Spartaco y Álvaro se encuentran después de que este último abandone la prisión.
Mientras caminan y discuten, ven a un amigo suyo, Valerio Zerboni (con quien Álvaro había peleado seis meses antes) que trabaja solo y obtiene buenas ganancias. Los cuatro deciden imitarlo, perseguidos por Álvaro, y por lo tanto están interesados en comprar una camioneta en cuotas. Pero al no tener suficiente dinero para el anticipo y la primera entrega, y trabajando respectivamente como pescadero, camarero y asistente de barbero, idean varios recursos para alcanzar las trescientas mil liras que se necesitan para la compra de la camioneta .
Primero intentan revender entradas en un partido del equipo nacional italiano, pero son descubiertos por los policías que confiscan todas sus entradas. Luego, con la ayuda de un profesor , intentan engañar a un abogado, pero el profesor al que recurrieron les precedió en la estafa.
Luego intentan pasar billetes falsos, pero ni siquiera este truco tiene éxito. Finalmente, fingen ser guardias a buen precio para poder multar a las parejas atrapadas en actitudes íntimas en Villa Borghese , pero todos son descubiertos y arrestados, excepto Álvaro, quien logra escapar.
Película : Stanno tutti bene
Matteo Scuro (Marcello Mastroianni), un funcionario rural ya jubilado, decide recorrer Italia para visitar a sus cinco hijos, que viven en diferentes ciudades. Pero, desgraciadamente, este viaje sólo le sirve para comprobar que, bajo una apariencia de prosperidad y bienestar, la vida de sus hijos y sus familias está marcada por la tristeza y la insatisfacción.
Monsieur Batignole
Cronache di poveri amanti
Adaptación de una novela de Vasco Pratolini. Crónica sentimental que tiene como telón de fondo el auge del fascismo en la Florencia de 1925 donde Mario, un joven impresor florentino, para estar más cerca de su prometida, Bianca, se va a vivir en su calle, Via del Corno y se hace amigo del herrero "Maciste", su casero y del vendedor de verduras y frutas , Ugo, ambos antifascistas. Sucede que Alfredo, dueño de una tienda, al negarse a pagar un dinero al partido, es brutalmente golpeado por los fascistas e ingresado en el hospital. Mario se encuentra a menudo con su esposa Milena, amiga de su prometida, Bianca, y se enamora de ella y rompe el compromiso con Bianca. En una emboscada nocturna con las camisas negras, Maciste es asesinado y Ugo, herido, se refugia en la casa de la "Signora", una usurera que controla los intereses del barrio. Habiéndose enamorado de Gesuina, la criada de la Signora, Ugo por fin recuperado se casa con ella. Alfredo , esposo de Milena, muere: Mario y Milena han confesado su amor, pero, por lástima al difunto, se separan. Más tarde, Mario es arrestado por la policía.
Película : Un lugar en el mundo
La película comienza con la vuelta de Ernesto al pueblo donde pasó varios años de su infancia, Santa Rosa del Conlara, Provincia de San Luis, en la Argentina. El relato en voz en off del joven nos lleva a un momento específico de su niñez, iniciando la historia propiamente dicha con un flash back que durará casi toda la película.
La afición de Ernesto, de 11 años de edad, era montar a caballo y hacer carreras con el tren. También ayudaba a su padre a dar clases en una escuela improvisada en una habitación de su casa. Mario, padre de Ernesto, se dedicaba también al oficio de comerciante de lana, dentro de una cooperativa que él mismo había creado hacia tres años para mejorar las condiciones económicas de los campesinos. Su madre, Ana, era la médica del pueblo.
Ernesto conoce a un geólogo español, Hans, que viene, según lo que cuenta, contratado por Andrada, el intendente del pueblo, un personaje siniestro y oscuro, para buscar petróleo en sus tierras. Más tarde nos enteraremos de que en realidad viene mandado por una multinacional con el objetivo de montar una represa hidroélectrica, pero tenía firmado un pacto de confidencialidad. El interés oculto de Andrada era comprarle las tierras a los campesinos a valores inferiores a los que luego se los compraría el estado para la construcción de la represa.
Hans conoce a la familia, y pasa bastante rato con ellos. Comparten sus historias de vida y llegan a formar una gran amistad. Da algunas clases de geología en el colegio de Mario y también le enseña cosas a Ernesto que demuestra un gran interés por las piedras.
Ernesto está enamorado de Luciana, una chica del pueblo, a la que quiere enseñar a leer, pero todo se complica ya que el padre de ella lo prohíbe por lo cual Ernesto debe hacerlo a escondidas. El padre los descubre y amenaza a Ernesto .
Cuando los miembros de la cooperativa, asustados por las amenazas de Andrada y ansiosos de recibir algún dinero, deciden vender la lana a un menor precio del que podrían conseguir si esperaran todos unidos, Mario se da cuenta de que debe tomar alguna medida ya que considera que al notar algunas mejores condiciones en su calidad de vida los campesinos han bajado los brazos y optado por la comodidad. De madrugada va con una antorcha y prende fuego al rancho donde está guardada toda la lana para alentarlos a seguir luchando por mejores condiciones.
Mario comunica a su hijo que él y su madre viajarán a Buenos Aires para que él pueda comenzar los estudios secundarios allí. Él se quedará porque siente que no puede abandonar ese pueblo.
Llega la multinacional a empezar la obra de la represa. Hans vuelve a España. Ana decide que se quedarán otro año más todos juntos viendo como resolver la situación.
La película termina con una vuelta al presente en la que Ernesto está frente a la tumba de su padre, quien, aparentemente murió poco tiempo después del momento en que transcurre la historia, víctima de un paro cardíaco. Le habla a su padre y le cuenta que aún no ha encontrado su lugar en el mundo pero que todavía tiene mucho tiempo para ello.
EL CAMINO DE SAN DIEGO
La película fue filmada en la provincia de Misiones y se trata básicamente de una “road movie” (película de camino). El relato está ambientado en 2004, en momentos en que el futbolista argentino Diego Maradona fue internado por graves problemas cardíacos, y miles de personas se movilizaron hasta el hospital en el que estaba siendo atendido, para pedir por su salud .
En ese contexto, la película cuenta la historia de Tati Benítez, un humilde trabajador de la madera, que vive en una pequeña población rural en la norteña provincia de Misiones, quien se encuentra desocupado, tiene a su joven esposa (Paola Rotela) y tres hijos. Tati encuentra en la selva una gran raíz de timbó, que a sus ojos reproduce la imagen de su ídolo. Cuando Tati se entera de la internación de Maradona, decide peregrinar hacia la lejana Buenos Aires, para entregarle su precioso tesoro, conociendo en el camino otros personajes, con sus propias preocupaciones.
Los viajes de Ulises
Sara 1rC
Argumento de la Odisea
épico griego, compuesto por 24 cantos, atribuido al poeta griego Homero.
casa del héroe griego Ulises tras la Guerra
de Troya. Ulises tarda veinte años en regresar a la isla de Ítaca, donde poseía el título
de rey, período durante el cual su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su
palacio a los pretendientes que buscan desposarla, al mismo tiempo que consumen
los bienes de la familia.
Ulises es su astucia. Gracias a su inteligencia es capaz de escapar de los
continuos problemas a los que ha de enfrentarse por designio de los dioses.
Para esto, planea diversas estrategias, bien sean físicas —como pueden serlo
disfraces— o con audaces y engañosos discursos de los que se vale para
conseguir sus objetivos.
Personajes
griegos que aparece como personaje central y que da nombre a la Odisea. Era rey de Ítaca, hijo de Laertes y Anticlea. Era esposo de Penélope, padre de Telémaco y hermano mayor de Ctímene, que sufrieron
esperándolo durante veinte años: diez de ellos los había pasado luchando en la
guerra de Troya y los otros diez intentando regresar a Ítaca con una serie de problemas y obstáculos que tuvo que
enfrentar.
cabello era largo y marrón.
personaje principal, el rey de Ítaca Odiseo o Ulises. Ella espera
durante veinte años el retorno de su marido de la Guerra
de Troya. Por esta razón se la considera un símbolo de la fidelidad
matrimonial, hasta el día de hoy. Mientras su esposo está fuera, Penélope es
pretendida por múltiples hombres. Para mantener su castidad ante la ausencia de
su marido, ésta idea un gran plan. Les dice a los pretendientes que aceptará la
desaparición de Ulises, con la consecuente promesa de un nuevo enlace, cuando
termine de tejer un sudario, para cuando falleciese el ex rey Laertes, en el que estaba
trabajando. Para mantener el mayor tiempo posible este tejido en elaboración,
procura deshacer por la noche lo que creó durante el día, y de esta forma
soporta los 20 años. Justo cuando Ulises llega a casa, Penélope termina la
labor, Ulises mata a los pretendientes y permanece con ella.
guapa, rubia, simpática y fiel.
Telémaco era todavía un niño cuando su padre marchó a la Guerra
de Troya, y en sus casi veinte años de ausencia creció hasta hacerse adulto.
Después de que los dioses en asamblea hubieran decidido que Ulises debía volver
a casa desde la isla de Ogigia, Atenea, adoptando la
apariencia de Mentes, rey de los tafios, fue a Ítaca y advirtió a Telémaco
que expulsase de su casa a los molestos pretendientes de su madre y se
dirigiese a Pilos y a Esparta a fin de recabar
información sobre su padre.
Telémaco regresó a casa, y una vez allí encontró a su padre con su fiel
porquerizo Eumeo.
guapo y robusto, como su padre.
las fronteras y los viajeros que las cruzan, de los pastores y las vacadas, de los
oradores y el ingenio, de los literatos y poetas, del atletismo, de los pesos y
medidas, de los inventos y el comercio en general, de la astucia de los
ladrones y los mentirosos.
cabello era marrón.
artistas griegos en dos poses: de pie, avanzando con un rayo levantado en su
mano derecha, y sentado majestuosamente.
sus descendientes. En la mayoría de las tradiciones aparece casado con Hera, aunque en el oráculo
de Dódona su esposa era Dione, con quien según la Ilíada fue padre de Afrodita. Es conocido por sus
numerosas aventuras y amantes, fruto de las cuales fueron muchas deidades y
héroes, incluyendo Atenea, Apolo y Artemisa, Hermes, Perséfone, Dioniso, Perseo, Heracles, Helena, Minos y las Musas. Con Hera suele decirse
que fue padre de Ares, Hebe, Ilitía y Hefesto.[1]
la mitología romana era Júpiter y en la etrusca Tinia. En la mitología hindú equivale a Indra, con quien comparte
incluso el rayo como arma.
considerada una mentora de héroes y adorada desde la Antigüedad como patrona de Atenas, donde se construyó el Partenón para adorarla. Fue
asociada por los etruscos con su diosa Menrva, y posteriormente por
los romanos con Minerva.
Tierra», de los terremotos.ón. Las tablillas en lineal B muestran que Poseidón
fue venerado en Pilos y Tebas en la Grecia micénica de finales de la Edad del Bronce, pero fue
integrado en el panteón olímpico posterior como hermano de Zeus y Hades. Poseidón tuvo muchos
hijos y fue protector de muchas ciudades helenas, aunque perdió el concurso porAtenas contra Atenea. Le fue dedicado un himno
homérico.
Mapas de la odisea
Páginas que he utilizado para hacer el trabajo
Opinión personal
Me
ha parecido una historia interesante, porque te enseña la astucia de Ulises,
y porque también es una historia de amor. Además Ulises, Telémaco y Penélope, viven muchas
aventuras. También me ha gustado porque salen muchos dioses que ayudan a
Ulises, Penélope y a Telémaco.
Cartas a Alberto
- cartas a Alberto
- cartas a Alberto
para practicar la redacción
- Cuentos romanos (39)
- Relatos 1 (4)
- reflexiones (6)
PERÚ TRAVEL
CONCURSO RECETAS 2013
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Mohamed Makhlouf Mohamed Address: Abu Qurqas - the city of Minya - Egypt Postal code : 61622 Mobile number: 20+ 01004670989 Email: m...
























