Las siete. Me levanto procurando no despertar a Silvia, que duerme a mi lado. Camino desnudo y descalzo (no sé por qué, nunca he llevado pijama, bata o zapatillas; quizá sea por inconsciente polémica contra el hedonismo burgués), hasta llegar al estrecho y asimétrico cuarto de baño que mi padre hizo construir para mi esposa y para mí en un rincón de su amplia vivienda. No hay bañera; sólo una ducha allá donde el techo oblicuo resulta más bajo, de manera que Silvia, al ser más pequeña, se moja sin necesidad de doblar la cabeza y yo en cambio tengo que agacharme.
Tras la ducha, limpio como de costumbre el cristal empañado de la pequeña ventana y miro al patio, más allá de las paredes rectas y desnudas, hacia el cielo, para saber qué tiempo hace. Luego me pongo delante del espejo del lavabo para afeitarme.
Surge entonces la cuestión de la barba: ¿Tengo o no que afeitarme? Mi barba es tupida y dura, difícil de afeitar. Además soy perezoso y descuidado, así que acabo afeitándome día sí, día no. Mientras intento resolver la duda del afeitado, aprovecho para mirarme: mi figura me intriga como si fuera la de otro.
Soy un hombre atractivo de unos treinta y cinco años, aunque no soy guapo, y la diferencia es importante. Mi rostro presenta rasgos viriles y débiles a la vez: los ojos son claros, la mirada escrutadora y a menudo irónica, y sin embargo, las cejas, vueltas para abajo, resultan poco enérgicas; la nariz es recta y firme, pero con las aletas fruncidas como en un gesto de asco. Tengo dentadura blanca y afilada de lobo pero labios carnosos y blandos; cabellos negros y brillantes, aunque ya ralos en la frente y en las sienes; la barbilla podría parecer imperiosa en principio, pero se repliega hacia adentro formando un pequeño hoyuelo en el centro. ¿Qué más? Quisiera ver también el resto de mi persona, pero las dimensiones del espejo me lo impiden; mientras no cambie de casa, por la mañana me tendré que resignar con estudiarme tan sólo la cara.
Sin embargo, el resto de mi persona puedo verlo poco después de haberme vestido, cuando paso por el recibidor y me miro de reojo en el antiguo espejo oscuro y rayado que está encima de la consola. Me reconozco, entonces, molesto y satisfecho al mismo tiempo, como ese peculiar personaje que suele denominarse intelectual. Si, soy un intelectual y se nota al instante, aunque sólo fuera por mi forma de vestir, de la misma manera que en la Edad Media se reconocía al clero por las prendas. Camisa azul, corbata negra, jersey azul marino o marrón, americana de pana verde o beige con coderas de piel, texanos o pantlones de paño gris, calzado deportivo de ante oscuro. Sin embargo, el elemento revelador de mi condición de intelectual es desde luego el aspecto ajado y trasnochado de estas prendas: el cuero de las coderas brilla, la camisa está raída, la corbata es vieja y arrugada, y los pantalones ya no llevan raya. Por otra parte, a excepción de este, llamémosle, "dos piezas", sólo dispongo de un traje azul marino para las grandes ocasiones: una celebración importante, una reunión oficial, una recepción, etc.
Alberto Moravia y Carmen Llera según Elazne
Bien es verdad como he dicho en el enunciado, que solo los que les conocían comprendieron ésta "extraña historia de amor".Máxime si digo que la diferencia de edad entre los cónyuges era de casi 50 años.
El separado de una mujer con la que estuvo casado 43 años a su vez manteniendo una relación amorosa que por entonces duraba ya 20 años.
Ella divorciada con un hijo y una vida amorosa muy sui generis.
Pero ambos muy, pero que muy cultos e inteligentes.
Yo tuve el placer de conocerlos en un viaje a Italia con que por entonces era el padre de mis hijas (me niego a seguir diciendo mi marido).Curiosamente mi... conocía a Alberto, yo por mi parte conocía a la familia de Carmen, casualidades de la vida.
Os voy a poner en antecedentes de quienes eran los protagonistas de ésta historia real pero extraña (ya digo que para los que no los conocían) sobre todo a él,
Él se llamaba Alberto Moravia y ella Carmen Llera.
Carmen Llera, de Navarra que a sus 31 años se casó por lo civil , en absoluto secreto, al alba, en el Campidoglio de Roma, con el gran escritor Alberto Moravia, autor de Los indiferentes, 47 años mayor que ella, se ha convertido en un mito para los italianos. Por ella, por ellos, por el idilio, por la boda del año se interesaron desde las publicaciones más frívolas hasta las más serias, sin excluir ni el órgano oficial del partido comunista L'Unita ni el diario intelectual de izquierdas Il Manifesto.
La pareja Llera-Moravia "ha desencadenado la fantasía fálica de los italianos", afirmaba ayer en el diario Il Manifesto su director, Valentino Parlato. Porque lo que a unos gusta y a otros escandaliza de Carmen es que ha dicho siempre, sin pelos en la lengua, que en su vida la ha dominado siempre "el principio del placer", que lo que le ha apasionado de Moravia es "el contacto corpóreo y sexual".Fascina y desconcierta el que esta española, que a los italianos resulta simpática, afirme en pleno idilio que "una mujer no puede llenar su vida con un solo hombre".
El poeta Dario Bellezza, que ha escrito una poesía para el matrimonio Llera-Moravia -"hoy se casa quien cansado de sufrir, feliz combate la muerte con la amada a su lado"-, ha dicho que Carmen será ideal para el gran escritor Moravia, que "ama a las mujeres que huyen, que lo traicionan".
Pero Carmen, que odia África y que afirma: "Amo sólo el mundo árabe, el desierto", ha aceptado por amor acompañar por una vez a su futuro marido a Zimbabue, donde Moravia ha querido comprar para los dos los anillos de boda, exóticos, de plata. Más fino y redondo el de Carmen, más ancho y aplastado el del escritor.
Carmen, la Ibérica, como la llaman aquí, había decidido al llegar a Italia en 1978 dar un golpe: hacer que se enamorara de ella o un gran pintor, o un gran político, o un escritor. A Moravia le conoció casi por casualidad. Estudiaba en Catania y el diario conservador Il Giornale di Sicilia le encargó que entrevistara al famoso escritor. "No fue un enamoramiento a primera vista", afirman hoy los dos. Pero algo se encendió ya entonces. De hecho, dos años más tarde ambos vivían ya juntos, aún en vida de la difunta Elsa Morante, la esposa legal hasta su muerte de Moravia, ya que la escritora, catolicísima, nunca había aceptado el divorcio.
Renzo Paris, amigo y colaborador de Moravia, catedrático de Lengua y Literatura Extranjera en la universidad de Salerno, ha afirmado que, de las muchas mujeres que han pasado por la vida real o imaginaria de Moravia, esta Carmen Ibérica "parece la más misteriosa de sus personajes", y añade que Carmen puede ser la verdadera protagonista de la última novela del escritor italiano, El hombre que mira.
Mientras tanto, Carmen prepara su primera bomba literaria. Dicen que se la está puliendo su futuro esposo. Se titula Diario íntimo cultural y social. Tiene ya 320 páginas.
Elsa Morante, la mujer de Moravia fallecida recientemente, le dijo a Carmen antes de morir: "Eres demasiado bella". Y añadió con un hilo de amarga pena: "Claro que también yo era un poco española, debido a mis raíces sicilianas".
Carmen, en una de sus últimas confesiones, ha dicho: "El pecado es un concepto que no entiendo", y que en el fondo lo que más le gusta es "no trabajar, ser mantenida y tener tiempo para ella misma". Dentro de unos días todos sus deseos serán realidad, incluso oficialmente.
No puedo dejar de incluir algo de la biografía de Moravia.
Nacido el 28 de noviembre de 1907 en el seno una familia de la burguesía romana, el autor de Il conformista padeció la infancia como un mal estático en forma de tuberculosis ósea, enfermedad que le diagnosticaron a los nueve años, obligándole a transcurrir más de un lustro de su existencia entre la cama de su habitación y las lúgubres habitaciones de un sanatorio de Cortina d’Ampezzo. Fue entonces cuando descubrió el placer de la lectura y las posibilidades que le proporcionaba la escritura, magnífica terapia para desafiar el tedio de la convalecencia.
Moravia nunca fue una persona normal, podía circular por Roma como cualquier transeúnte, pero su presencia chocaba, era diferente. Cuando en octubre de 1922 el Fascismo tomó el poder el futuro escritor se encontraba en Piazza del Popolo vestido a la inglesa, contrastando sobremanera con lo ostentoso del ritual de camisas negras y marchas militares. Su primera etapa literaria se sitúa durante las dos décadas de poder absoluto de Benito Mussolini, y ello, por su absoluta libertad y sentido crítico, le acarreará problemas de índole varia. En 1927 empieza a colaborar en la revista ‘900, donde publicará varios relatos, entre ellos Delitto nel circolo di tennis, donde diseccionará sin piedad alguna lo frívolo e inhumano de las clases acomodadas, condenadas a la excentricidad por lo mísero de su abundancia, idea que marcará parte de su producción literaria. El hombre es un ser aburrido por naturaleza y necesita gastar su tiempo. Esta idea, a la que añade el cinismo y la podredumbre moral burguesa, brillará en todo su esplendor en su primera novela, Gli indifferenti, texto precursor del existencialismo que le permitió saltar a la fama en 1929. Pagada del bolsillo paterno, su Ópera prima es un Gatopardo avant la lettre, diferenciándose del celebérrimo libro de Lampedusa por el contexto histórico y la crueldad mental de Merumeci, quien a diferencia de Calogero Sedara pacta con la aristocracia sin suavidad, con toda la contundencia de una nueva clase fascista que no tiene reparos en destruir para poseer y ostentar. Su victoria, pese a que todo sigue igual, humilla y quita velos, lo burdo se impone y la alienación irrumpe en escena mediante el descarnado retrato que el escritor hace de la aristocracia, grupo social fuera de la realidad de un tiempo gris, mediocre como los personajes de la narración, una de las primeras novelas contemporáneas escritas en suelo itálico, si exceptuamos la magnífica e incomprendida, en primera instancia, obra de Italo Svevo.
La valentía exhibida con Gli indifferenti le pasó factura. Era joven, tenía éxito y publicaba en periódicos y fundaba revistas, pero el régimen lo tenía en su punto de mira, como demostró en 1935 cuando prohibió las reseñas sobre Le ambizioni sbagliate, segunda novela que pasó desapercibida y significó un antes y un después en la vida de Moravia. En los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial viajó por el mundo- Estados Unidos, China- y se vio forzado a escribir con seudónimo para escapar a las garras de la censura, que intentó sortear mediante textos alegóricos, como Elio Vittorini con su Conversazione in Sicilia, hasta que se cansó de la ocultación y escribió La mascherata, novela ambientada en una República bananera de Sudamérica con gran parecido a la Italia negra de Mussolini. La segunda edición fue secuestrada.
En 1937 conoce a su joya tormentosa, Elsa Morante, con quien se casará en 1941 y convivirá hasta 1962. Con la autora de La storia vivirá días tranquilos en Capri, donde ultimará la redacción de su Bildungsroman Agostino, y de espera en Sant’Agata a partir de septiembre de 1943, cuando los nazis invaden Italia y los fascistas vuelven a cargar contra el escritor, perseguido y amenazado de muerte. En esos campos campanos ambientará La ciociara, adaptada al cine por Vittorio De Sica en 1961. Su obra fue fuente de inspiración para el séptimo arte. Entre las más destacadas versiones fílmicas de sus textos destacamos Gli indifferenti de Francesco Maselli (1964), Il conformista de Bernardo Bertolucci (1970), La romana de Luigi Zampa (1954), Racconti romani de Gianni Franciolini (1955), La noia de Damiano Damián (1963) o Le mèpris de Jean Luc Godard (1963), quien dijo que bajo la prosa de Moravia había descubierto la esencia de Marcel Proust. Si bien la afirmación nos parece acertada, no se lo pareció tanto a nuestro protagonista, quien rechazó la obra del director suizo por ser diametralmente opuesta a las premisas básicas de su novela.
El triunfo del escritor comprometido-obsesivo: 1944-1990.
Moravia solía definirse como un hombre poco trabajador, que escribía al no tener nada mejor que hacer, sorprendente afirmación en un hombre que revisaba una y otra vez sus textos hasta considerarlos perfectos, acabados. Después de la Guerra entrará en una nueva etapa donde seguirá nadando contracorriente. Cuando Vittorini y Pavese vivían bajo la égida del compromiso comunista- respectivamente con la revista Il politecnico y las publicaciones de la Editorial Einaudi-, el romano desarrollaba una obra de compromiso con su tiempo en el campo de la novela, el ensayo, el teatro, la crítica cinematográfica y el periodismo. Su rechazo a la ortodoxia comunista es un alegato a la libertad del hombre con conciencia en una época abocada al marasmo. Escribe con frecuencia inusual, funda la ejemplar revista Nuovi Argomenti y cosecha los frutos de su incesante trabajo con la concesión de premios importantes como el Strega, ganado en 1952 con su compendio de Racconti, y el Viareggio en 1960 por La noia. Esta novela cierra un círculo que comprende parte de sus obras narrativas de los años cincuenta, obras donde la interiorización del personaje alcanza cotas sublimes que hacen de Moravia un lúcido analista de los males del período, punzante animal literario que descuartiza su sociedad a partir de burgueses a la deriva con los problemas fundamentales de la existencia, víctimas de un malestar contemporáneo sin vía de escape. Un contrapunto agradable y optimista serían sus Racconti romani, pequeños relatos de romanidad en que el pueblo es protagonista con sus pequeñas vivencias cotidianas.
A partir de 1960, cuando se acerca su ruptura con Elsa Morante y la joven Dacia Maraini surge como la nueva musa de vida, se apasiona por lo arcano y lo desconocido. Junto a Pier Paolo Pasolini y otros amigos viaja constantemente por África e India a la búsqueda de un punto de apoyo que le permita escapar de la decadencia de Occidente. Si Pasolini, más poético, consideraba al continente negro como única salvación posible, Moravia lo juzgaba desde una óptica de libertad absoluta, de contraste con Europa y el mundo industrial. Sí, el mundo fuera del mundo, aplicando el sentido reduccionista tan típico del pensamiento occidental, era una tabla válida para amarrarse y flotar. Lo entendía Moravia y lo entendían los estudiantes del ’68, que leyeron con interés su La rivoluzione culturale in Cina sin entenderlo plenamente. Son los años en los que la sociedad italiana se instala en una tensión perpetua simbolizada por el terrorismo, tiempo que el narrador reflejará en uno de sus mayores esfuerzos literarios, La vita interiore, novela entrevista publicada en el fatídico 1978 del secuestro y posterior ejecución de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, donde la objetividad del formato no impide que Desideria dé una lección de perversidad y teledirigida sed de sangre irracional.
Dacia Mariani amante de Moravia durante más de 20 años.
La última década de vida de Alberto Moravia será un lento y progresivo, aunque intenso, diluirse en la espiral del adiós. Escribirá más de diez libros entre novela, relatos y ensayos, saldrá elegido como diputado europeo por el PCI en 1984 para tener una tribuna donde argumentar su preocupación por la energía atómica, malvivirá su absurda y senil historia de amor con Carmen Llera y morirá en el baño de su casa del Lungotevere della Vittoria el 26 de septiembre de 1990 a los 82 años de edad. Su obra atraviesa todo el siglo XX europeo, le da forma y se erige en un vehículo de ideas combinado con complejas estructuras narrativas que no esconden la verdadera faz moraviana, filósofo literario que sigue sentando cátedra desde la tumba con novelas inéditas, I due amici, y un legado de gran utilidad para reflexionar sobre la naturaleza del hombre moderno.
El separado de una mujer con la que estuvo casado 43 años a su vez manteniendo una relación amorosa que por entonces duraba ya 20 años.
Ella divorciada con un hijo y una vida amorosa muy sui generis.
Pero ambos muy, pero que muy cultos e inteligentes.
Yo tuve el placer de conocerlos en un viaje a Italia con que por entonces era el padre de mis hijas (me niego a seguir diciendo mi marido).Curiosamente mi... conocía a Alberto, yo por mi parte conocía a la familia de Carmen, casualidades de la vida.
Os voy a poner en antecedentes de quienes eran los protagonistas de ésta historia real pero extraña (ya digo que para los que no los conocían) sobre todo a él,
Él se llamaba Alberto Moravia y ella Carmen Llera.
Carmen Llera, de Navarra que a sus 31 años se casó por lo civil , en absoluto secreto, al alba, en el Campidoglio de Roma, con el gran escritor Alberto Moravia, autor de Los indiferentes, 47 años mayor que ella, se ha convertido en un mito para los italianos. Por ella, por ellos, por el idilio, por la boda del año se interesaron desde las publicaciones más frívolas hasta las más serias, sin excluir ni el órgano oficial del partido comunista L'Unita ni el diario intelectual de izquierdas Il Manifesto.
La pareja Llera-Moravia "ha desencadenado la fantasía fálica de los italianos", afirmaba ayer en el diario Il Manifesto su director, Valentino Parlato. Porque lo que a unos gusta y a otros escandaliza de Carmen es que ha dicho siempre, sin pelos en la lengua, que en su vida la ha dominado siempre "el principio del placer", que lo que le ha apasionado de Moravia es "el contacto corpóreo y sexual".Fascina y desconcierta el que esta española, que a los italianos resulta simpática, afirme en pleno idilio que "una mujer no puede llenar su vida con un solo hombre".
El poeta Dario Bellezza, que ha escrito una poesía para el matrimonio Llera-Moravia -"hoy se casa quien cansado de sufrir, feliz combate la muerte con la amada a su lado"-, ha dicho que Carmen será ideal para el gran escritor Moravia, que "ama a las mujeres que huyen, que lo traicionan".
Pero Carmen, que odia África y que afirma: "Amo sólo el mundo árabe, el desierto", ha aceptado por amor acompañar por una vez a su futuro marido a Zimbabue, donde Moravia ha querido comprar para los dos los anillos de boda, exóticos, de plata. Más fino y redondo el de Carmen, más ancho y aplastado el del escritor.
Carmen, la Ibérica, como la llaman aquí, había decidido al llegar a Italia en 1978 dar un golpe: hacer que se enamorara de ella o un gran pintor, o un gran político, o un escritor. A Moravia le conoció casi por casualidad. Estudiaba en Catania y el diario conservador Il Giornale di Sicilia le encargó que entrevistara al famoso escritor. "No fue un enamoramiento a primera vista", afirman hoy los dos. Pero algo se encendió ya entonces. De hecho, dos años más tarde ambos vivían ya juntos, aún en vida de la difunta Elsa Morante, la esposa legal hasta su muerte de Moravia, ya que la escritora, catolicísima, nunca había aceptado el divorcio.
Renzo Paris, amigo y colaborador de Moravia, catedrático de Lengua y Literatura Extranjera en la universidad de Salerno, ha afirmado que, de las muchas mujeres que han pasado por la vida real o imaginaria de Moravia, esta Carmen Ibérica "parece la más misteriosa de sus personajes", y añade que Carmen puede ser la verdadera protagonista de la última novela del escritor italiano, El hombre que mira.
Mientras tanto, Carmen prepara su primera bomba literaria. Dicen que se la está puliendo su futuro esposo. Se titula Diario íntimo cultural y social. Tiene ya 320 páginas.
Elsa Morante, la mujer de Moravia fallecida recientemente, le dijo a Carmen antes de morir: "Eres demasiado bella". Y añadió con un hilo de amarga pena: "Claro que también yo era un poco española, debido a mis raíces sicilianas".
Carmen, en una de sus últimas confesiones, ha dicho: "El pecado es un concepto que no entiendo", y que en el fondo lo que más le gusta es "no trabajar, ser mantenida y tener tiempo para ella misma". Dentro de unos días todos sus deseos serán realidad, incluso oficialmente.
No puedo dejar de incluir algo de la biografía de Moravia.
Nacido el 28 de noviembre de 1907 en el seno una familia de la burguesía romana, el autor de Il conformista padeció la infancia como un mal estático en forma de tuberculosis ósea, enfermedad que le diagnosticaron a los nueve años, obligándole a transcurrir más de un lustro de su existencia entre la cama de su habitación y las lúgubres habitaciones de un sanatorio de Cortina d’Ampezzo. Fue entonces cuando descubrió el placer de la lectura y las posibilidades que le proporcionaba la escritura, magnífica terapia para desafiar el tedio de la convalecencia.
Moravia nunca fue una persona normal, podía circular por Roma como cualquier transeúnte, pero su presencia chocaba, era diferente. Cuando en octubre de 1922 el Fascismo tomó el poder el futuro escritor se encontraba en Piazza del Popolo vestido a la inglesa, contrastando sobremanera con lo ostentoso del ritual de camisas negras y marchas militares. Su primera etapa literaria se sitúa durante las dos décadas de poder absoluto de Benito Mussolini, y ello, por su absoluta libertad y sentido crítico, le acarreará problemas de índole varia. En 1927 empieza a colaborar en la revista ‘900, donde publicará varios relatos, entre ellos Delitto nel circolo di tennis, donde diseccionará sin piedad alguna lo frívolo e inhumano de las clases acomodadas, condenadas a la excentricidad por lo mísero de su abundancia, idea que marcará parte de su producción literaria. El hombre es un ser aburrido por naturaleza y necesita gastar su tiempo. Esta idea, a la que añade el cinismo y la podredumbre moral burguesa, brillará en todo su esplendor en su primera novela, Gli indifferenti, texto precursor del existencialismo que le permitió saltar a la fama en 1929. Pagada del bolsillo paterno, su Ópera prima es un Gatopardo avant la lettre, diferenciándose del celebérrimo libro de Lampedusa por el contexto histórico y la crueldad mental de Merumeci, quien a diferencia de Calogero Sedara pacta con la aristocracia sin suavidad, con toda la contundencia de una nueva clase fascista que no tiene reparos en destruir para poseer y ostentar. Su victoria, pese a que todo sigue igual, humilla y quita velos, lo burdo se impone y la alienación irrumpe en escena mediante el descarnado retrato que el escritor hace de la aristocracia, grupo social fuera de la realidad de un tiempo gris, mediocre como los personajes de la narración, una de las primeras novelas contemporáneas escritas en suelo itálico, si exceptuamos la magnífica e incomprendida, en primera instancia, obra de Italo Svevo.
La valentía exhibida con Gli indifferenti le pasó factura. Era joven, tenía éxito y publicaba en periódicos y fundaba revistas, pero el régimen lo tenía en su punto de mira, como demostró en 1935 cuando prohibió las reseñas sobre Le ambizioni sbagliate, segunda novela que pasó desapercibida y significó un antes y un después en la vida de Moravia. En los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial viajó por el mundo- Estados Unidos, China- y se vio forzado a escribir con seudónimo para escapar a las garras de la censura, que intentó sortear mediante textos alegóricos, como Elio Vittorini con su Conversazione in Sicilia, hasta que se cansó de la ocultación y escribió La mascherata, novela ambientada en una República bananera de Sudamérica con gran parecido a la Italia negra de Mussolini. La segunda edición fue secuestrada.
En 1937 conoce a su joya tormentosa, Elsa Morante, con quien se casará en 1941 y convivirá hasta 1962. Con la autora de La storia vivirá días tranquilos en Capri, donde ultimará la redacción de su Bildungsroman Agostino, y de espera en Sant’Agata a partir de septiembre de 1943, cuando los nazis invaden Italia y los fascistas vuelven a cargar contra el escritor, perseguido y amenazado de muerte. En esos campos campanos ambientará La ciociara, adaptada al cine por Vittorio De Sica en 1961. Su obra fue fuente de inspiración para el séptimo arte. Entre las más destacadas versiones fílmicas de sus textos destacamos Gli indifferenti de Francesco Maselli (1964), Il conformista de Bernardo Bertolucci (1970), La romana de Luigi Zampa (1954), Racconti romani de Gianni Franciolini (1955), La noia de Damiano Damián (1963) o Le mèpris de Jean Luc Godard (1963), quien dijo que bajo la prosa de Moravia había descubierto la esencia de Marcel Proust. Si bien la afirmación nos parece acertada, no se lo pareció tanto a nuestro protagonista, quien rechazó la obra del director suizo por ser diametralmente opuesta a las premisas básicas de su novela.
El triunfo del escritor comprometido-obsesivo: 1944-1990.
Moravia solía definirse como un hombre poco trabajador, que escribía al no tener nada mejor que hacer, sorprendente afirmación en un hombre que revisaba una y otra vez sus textos hasta considerarlos perfectos, acabados. Después de la Guerra entrará en una nueva etapa donde seguirá nadando contracorriente. Cuando Vittorini y Pavese vivían bajo la égida del compromiso comunista- respectivamente con la revista Il politecnico y las publicaciones de la Editorial Einaudi-, el romano desarrollaba una obra de compromiso con su tiempo en el campo de la novela, el ensayo, el teatro, la crítica cinematográfica y el periodismo. Su rechazo a la ortodoxia comunista es un alegato a la libertad del hombre con conciencia en una época abocada al marasmo. Escribe con frecuencia inusual, funda la ejemplar revista Nuovi Argomenti y cosecha los frutos de su incesante trabajo con la concesión de premios importantes como el Strega, ganado en 1952 con su compendio de Racconti, y el Viareggio en 1960 por La noia. Esta novela cierra un círculo que comprende parte de sus obras narrativas de los años cincuenta, obras donde la interiorización del personaje alcanza cotas sublimes que hacen de Moravia un lúcido analista de los males del período, punzante animal literario que descuartiza su sociedad a partir de burgueses a la deriva con los problemas fundamentales de la existencia, víctimas de un malestar contemporáneo sin vía de escape. Un contrapunto agradable y optimista serían sus Racconti romani, pequeños relatos de romanidad en que el pueblo es protagonista con sus pequeñas vivencias cotidianas.
A partir de 1960, cuando se acerca su ruptura con Elsa Morante y la joven Dacia Maraini surge como la nueva musa de vida, se apasiona por lo arcano y lo desconocido. Junto a Pier Paolo Pasolini y otros amigos viaja constantemente por África e India a la búsqueda de un punto de apoyo que le permita escapar de la decadencia de Occidente. Si Pasolini, más poético, consideraba al continente negro como única salvación posible, Moravia lo juzgaba desde una óptica de libertad absoluta, de contraste con Europa y el mundo industrial. Sí, el mundo fuera del mundo, aplicando el sentido reduccionista tan típico del pensamiento occidental, era una tabla válida para amarrarse y flotar. Lo entendía Moravia y lo entendían los estudiantes del ’68, que leyeron con interés su La rivoluzione culturale in Cina sin entenderlo plenamente. Son los años en los que la sociedad italiana se instala en una tensión perpetua simbolizada por el terrorismo, tiempo que el narrador reflejará en uno de sus mayores esfuerzos literarios, La vita interiore, novela entrevista publicada en el fatídico 1978 del secuestro y posterior ejecución de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, donde la objetividad del formato no impide que Desideria dé una lección de perversidad y teledirigida sed de sangre irracional.
Dacia Mariani amante de Moravia durante más de 20 años.
La última década de vida de Alberto Moravia será un lento y progresivo, aunque intenso, diluirse en la espiral del adiós. Escribirá más de diez libros entre novela, relatos y ensayos, saldrá elegido como diputado europeo por el PCI en 1984 para tener una tribuna donde argumentar su preocupación por la energía atómica, malvivirá su absurda y senil historia de amor con Carmen Llera y morirá en el baño de su casa del Lungotevere della Vittoria el 26 de septiembre de 1990 a los 82 años de edad. Su obra atraviesa todo el siglo XX europeo, le da forma y se erige en un vehículo de ideas combinado con complejas estructuras narrativas que no esconden la verdadera faz moraviana, filósofo literario que sigue sentando cátedra desde la tumba con novelas inéditas, I due amici, y un legado de gran utilidad para reflexionar sobre la naturaleza del hombre moderno.
La India según Moravia por Carolina Andonie Dracos
Crónica de viaje:
La India según Moravia
El escritor italiano nos revela la fascinación y el misterio de un país cada vez más seductor para Occidente.
CAROLINA ANDONIE DRACOS
"Una idea de la India" es un contrapunto. Una puesta en escena que refleja la otra cara de un mismo viaje. Aquel que realizaron Alberto Moravia (una de las figuras más significativas de la literatura italiana del siglo XX) y Pier Paolo Pasolini en 1961, diez años después de su Independencia. La excusa fue un seminario sobre Tagore, que rápidamente pasó al olvido en cuanto ambos escritores y periodistas se enfrentaron a, como diría Moravia, la experiencia de la India.
En un apartado del libro de Pasolini ("El olor de la India"), Moravia explicará la diferencia entre su percepción y la del director de cine italiano: "Mi posición es la de aceptar, pero no la de identificarme. La de Pasolini, como, por otra parte, es toda su existencia, es la de identificarse sin aceptar verdaderamente".
Pese a ser considerado en Italia el escritor del pesimismo, con una pluma que fluctúa entre la crítica dura y la monotonía, en esta entrega, publicada un año después de su viaje, Moravia nos seduce con una mirada tan curiosa como reflexiva.
¿Para qué le sirvió este viaje? "Para ver por qué los europeos son europeos, y los indios, indios". Ésta es la columna vertebral del volumen que cuenta con una introducción pedagógica, a la manera socrática. Una voz le pregunta a otra, a la vuelta del viaje, si se ha divertido en la India. Desde ahí se inicia un diálogo que resumirá todo el libro.
Moravia no sabe lo que es la India, sólo la siente. ¿Cómo? "Como se siente, en la oscuridad, la presencia de alguien a quien no se ve, que no habla y que, sin embargo, está".
Lo impreciso, lo ambiguo, aquello que no se puede asir, la India se configura como un mapa cruzado por la impronta religiosa, claro que "de la religión como situación existencial. De la religión sin más".
En tanto concepción de vida, la India, sus multitudes y diferencias, no hacen más que constatar que todo lo que parece real en verdad no lo es. De ahí que sus habitantes manifiesten la convicción de que el hombre no debe obrar para mejorar el mundo, sino salir de él y alcanzar la realidad espiritual.
En constante asombro
"La concepción india de la vida representa para el europeo al mismo tiempo una paradoja y una tentación, en el sentido de que no es sólo lo contrario de la suya, sino también la única a la que en un momento de cansancio y de disgusto puede recurrir con cierto provecho".
Por ello, Moravia nos advierte que la India, vista con los ojos del turista ignorante, puede llegar a ser una desilusión. El occidental que recién arriba deberá lidiar con dos traumas: la pobreza ("enferma y frenética"), y el choque con la religión politeísta de fondo naturalista.
Moravia trata de apartarse de la rigurosidad científica que tanto le ofusca de Occidente. Por ello, su acercamiento -pese a que recoge el pensamiento occidental en términos de estética, filosofía o antropología- es el del primerizo en constante asombro.
Ésa es la dinámica que recorre toda esta crónica de viaje, donde las detenciones están al servicio de una tesis que cierra en la última página. Las calles de Benarés, los grupos de leprosos, templos como Tanyore y Kumbakonam, las multitudes de Calcuta, el Taj Mahal, los chacales de Chattarpur, las dominaciones colonialistas, la idiosincrasia de la casta, la vivencia de la muerte como el trasvasije de un vestuario que ya no sirve. ¿Es acaso la constatación empírica de su pesimismo? Nada más lejos. Moravia aquí se fascina, pero como el observador que sabe cercano su retorno y nos deleita al cierre con una postal que anuda con el principio.
¿La imagen? Un asceta ocupa un templo para su meditación. A su lado se erigen esculturas con una carga erótica explícita. Sin embargo, su ascetismo no desmiente el frenesí sexual de las esculturas, ya que éstas representan la manera "laica" de anular la persona humana, mientras que él hace lo propio desde el punto de vista religioso: "En ambas, el mundo humano, histórico, quedaba vaciado de toda importancia y significación y era reducido a la nada".
"Una idea de la India"
Alberto Moravia
La India según Moravia
El escritor italiano nos revela la fascinación y el misterio de un país cada vez más seductor para Occidente.
CAROLINA ANDONIE DRACOS
"Una idea de la India" es un contrapunto. Una puesta en escena que refleja la otra cara de un mismo viaje. Aquel que realizaron Alberto Moravia (una de las figuras más significativas de la literatura italiana del siglo XX) y Pier Paolo Pasolini en 1961, diez años después de su Independencia. La excusa fue un seminario sobre Tagore, que rápidamente pasó al olvido en cuanto ambos escritores y periodistas se enfrentaron a, como diría Moravia, la experiencia de la India.
En un apartado del libro de Pasolini ("El olor de la India"), Moravia explicará la diferencia entre su percepción y la del director de cine italiano: "Mi posición es la de aceptar, pero no la de identificarme. La de Pasolini, como, por otra parte, es toda su existencia, es la de identificarse sin aceptar verdaderamente".
Pese a ser considerado en Italia el escritor del pesimismo, con una pluma que fluctúa entre la crítica dura y la monotonía, en esta entrega, publicada un año después de su viaje, Moravia nos seduce con una mirada tan curiosa como reflexiva.
¿Para qué le sirvió este viaje? "Para ver por qué los europeos son europeos, y los indios, indios". Ésta es la columna vertebral del volumen que cuenta con una introducción pedagógica, a la manera socrática. Una voz le pregunta a otra, a la vuelta del viaje, si se ha divertido en la India. Desde ahí se inicia un diálogo que resumirá todo el libro.
Moravia no sabe lo que es la India, sólo la siente. ¿Cómo? "Como se siente, en la oscuridad, la presencia de alguien a quien no se ve, que no habla y que, sin embargo, está".
Lo impreciso, lo ambiguo, aquello que no se puede asir, la India se configura como un mapa cruzado por la impronta religiosa, claro que "de la religión como situación existencial. De la religión sin más".
En tanto concepción de vida, la India, sus multitudes y diferencias, no hacen más que constatar que todo lo que parece real en verdad no lo es. De ahí que sus habitantes manifiesten la convicción de que el hombre no debe obrar para mejorar el mundo, sino salir de él y alcanzar la realidad espiritual.
En constante asombro
"La concepción india de la vida representa para el europeo al mismo tiempo una paradoja y una tentación, en el sentido de que no es sólo lo contrario de la suya, sino también la única a la que en un momento de cansancio y de disgusto puede recurrir con cierto provecho".
Por ello, Moravia nos advierte que la India, vista con los ojos del turista ignorante, puede llegar a ser una desilusión. El occidental que recién arriba deberá lidiar con dos traumas: la pobreza ("enferma y frenética"), y el choque con la religión politeísta de fondo naturalista.
Moravia trata de apartarse de la rigurosidad científica que tanto le ofusca de Occidente. Por ello, su acercamiento -pese a que recoge el pensamiento occidental en términos de estética, filosofía o antropología- es el del primerizo en constante asombro.
Ésa es la dinámica que recorre toda esta crónica de viaje, donde las detenciones están al servicio de una tesis que cierra en la última página. Las calles de Benarés, los grupos de leprosos, templos como Tanyore y Kumbakonam, las multitudes de Calcuta, el Taj Mahal, los chacales de Chattarpur, las dominaciones colonialistas, la idiosincrasia de la casta, la vivencia de la muerte como el trasvasije de un vestuario que ya no sirve. ¿Es acaso la constatación empírica de su pesimismo? Nada más lejos. Moravia aquí se fascina, pero como el observador que sabe cercano su retorno y nos deleita al cierre con una postal que anuda con el principio.
¿La imagen? Un asceta ocupa un templo para su meditación. A su lado se erigen esculturas con una carga erótica explícita. Sin embargo, su ascetismo no desmiente el frenesí sexual de las esculturas, ya que éstas representan la manera "laica" de anular la persona humana, mientras que él hace lo propio desde el punto de vista religioso: "En ambas, el mundo humano, histórico, quedaba vaciado de toda importancia y significación y era reducido a la nada".
"Una idea de la India"
Alberto Moravia
Caro Moravia . Exposición fotográfica de Elisabetta Catalano
Caro Moravia...
Exposition de photographies de Elisabetta Catalano
-
Caro Moravia...Cycle Alberto Moravia
EXPOSITION
Caro Moravia…
Photographies de Elisabetta Catalano
Pendant de longues années, Elisabetta Catalano a entretenu des liens d'amitié avec Alberto Moravia. Elle l'a photographié plusieurs fois dans son propre atelier, dans sa maison de Rome et dans ses lieux de villégiature. Elle a réalisé également des portraits de Dacia Maraini et de Carmen Llera, qui furent ses compagnes, ainsi que des photos de quelques uns de ses amis les plus intimes, parmi lesquels des écrivains et des réalisateurs tels que Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Enzo Siciliano. À l'occasion du centième anniversaire de la naissance de l'écrivain, l'Istituto Italiano di Cultura de Paris a demandé à Elisabetta Catalano de réunir tous les portraits qu'elle a consacrés à Moravia et à ses proches, pour rendre hommage à la mémoire d'une des figures marquantes de la littérature italienne du XXe siècle.
Elisabetta Catalano a commencé son activité de photographe en collaborant avec les magazines Il Mondo, L'Espresso et Vogue Italie. Elle a aussi travaillé à New York pour Vogue Amérique et à Paris pour Vogue France. Ses photos paraissent régulièrement dans toute la presse italienne. Dans les années 70, elle a notamment collaboré avec des artistes conceptuels tels que Pistoletto, Pisani, Mauri, Chia, Tacchi, De Dominicis à la réalisation de leurs ouvrages comportant des photos.
Exposition de photographies de Elisabetta Catalano
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Caro Moravia...Cycle Alberto Moravia
EXPOSITION
Caro Moravia…
Photographies de Elisabetta Catalano
Pendant de longues années, Elisabetta Catalano a entretenu des liens d'amitié avec Alberto Moravia. Elle l'a photographié plusieurs fois dans son propre atelier, dans sa maison de Rome et dans ses lieux de villégiature. Elle a réalisé également des portraits de Dacia Maraini et de Carmen Llera, qui furent ses compagnes, ainsi que des photos de quelques uns de ses amis les plus intimes, parmi lesquels des écrivains et des réalisateurs tels que Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Enzo Siciliano. À l'occasion du centième anniversaire de la naissance de l'écrivain, l'Istituto Italiano di Cultura de Paris a demandé à Elisabetta Catalano de réunir tous les portraits qu'elle a consacrés à Moravia et à ses proches, pour rendre hommage à la mémoire d'une des figures marquantes de la littérature italienne du XXe siècle.
Elisabetta Catalano a commencé son activité de photographe en collaborant avec les magazines Il Mondo, L'Espresso et Vogue Italie. Elle a aussi travaillé à New York pour Vogue Amérique et à Paris pour Vogue France. Ses photos paraissent régulièrement dans toute la presse italienne. Dans les années 70, elle a notamment collaboré avec des artistes conceptuels tels que Pistoletto, Pisani, Mauri, Chia, Tacchi, De Dominicis à la réalisation de leurs ouvrages comportant des photos.
Cuentos romanos : las bromas del calor ( fragmento )
Al llegar el verano, quizás porque aún soy joven y no me he adaptado aún al hecho de ser marido y padre de familia, me entran siempre ganas de escapar. En verano, en las casas de los ricos, se cierran las ventanas por la mañana, y el aire fresco de la noche permanece en las habitaciones amplias y oscuras, donde, en la penumbra, brillan espejos, suelos de mármol, muebles brillantes de cera. Todo está en su sitio, todo es limpio, ordenado, nítido; hasta el silencio es un silencio fresco, sedante, oscuro. Y luego, si tienes sed, te traen una buena bebida helada en una bandeja, una naranjada, una limonada, dentro de un vaso de cristal donde los cubitos de hielo, al removerlos, hacen un ruido alegre que por sí solo te refresca. Pero en las casas de los pobres las cosas son muy distintas. Con el primer día de calor el bochorno entra en tus cuartitos sin ventilación y ya no se vuelve a ir. Quieres beber y del grifo, en la cocina, sale un agua caliente que parece caldo. En casa no te puedes mover: parece como si todo, muebles, vestidos, utensilios, se hubiera hinchado y se te cayera encima. Todos están en mangas de camisa, pero las camisas están sudadas y apestan. Si cierras las ventanas, te ahogas, porque el aire de la noche no ha conseguido entrar en esas dos o tres habitaciones donde duermen seis personas; si las abres, el sol te inunda y te parece estar en la calle, y todo sabe a metal hirviente, a sudor y a polvo. Con el calor, incluso los caracteres se calientan, quiero decir que se vuelven pendencieros; pero el rico, si le da por ahí, coge y se va al fondo del piso, tres habitaciones más allá; los pobres, en cambio, se quedan ante los platos grasientos y los vasos sucios, cara a cara; o bien tienen que irse de casa.
Uno de esos días, tras haber tenido una buena bronca con toda mi familia, o sea con mi mujer porque la sopa estaba salada e hirviendo, con mi cuñado porque se ponía de parte de mi mujer y, en mi opinión, no tenía derecho porque está parado y vive a mi costa, con mi cuñada porque me defendía y eso me fastidiaba, porque sabía que lo hacía por coquetería, pues está enamorada de mí, con mi madre porque trataba de calmarme, con mi padre porque protestaba diciendo que quería comer en paz, e incluso con la niña, porque había estallado en llanto, de pronto me levanté, cogí la chaqueta de la silla y dije sencillamente:
—¿Sabéis lo que os digo? Me jorobáis todos. Hasta la vista, en octubre, cuando venga el fresco.
Y salí de casa. Mi mujer, pobrecita, me siguió y, asomándose a la barandilla de la escalera, me gritó que había ensalada de pepinos, que me gusta mucho. Le contesté que se la comiera ella y bajé a la calle.
Vivimos en la vía Ostiense1. La atravesé y, maquinalmente, me fui hasta el puente de hierro, donde está el puerto fluvial de Roma. Eran las dos, la hora más cálida de la jornada, con un cielo de siroco, lívido, que parecía un ojo amoratado por un puñetazo. Cuando llegué al puente, me apoyé en el pretil de hierro claveteado: quemaba. El Tíber, encajonado entre los muelles, al fondo de los murallones oblicuos, parecía, con su color fangoso, una cloaca al aire libre. Él gasómetro, que parece un esqueleto después de un incendio, los altos hornos de la fábrica del gas, las torres de los silos, las tuberías de los depósitos de petróleo...............
El rorro comentado por Vero - 1ª A
El Rorro era un niño que no era deseado por su familia porque ya eran muchos, y encima eran pobres. Cuando su madre lo tuvo, al cabo de unos días se lo llevó a una iglesia para dejarlo allí porque creía que iba estar mejor con una familia que tuviera dinero. Pero a ella le dio pena y lo volvió a recoger.
Su marido se enfadó con ella porque habían quedado en dejarlo en la iglesia y la mujer no lo cumplió. Se pararon en la siguiente iglesia que vieron y ella dejo al Rorro en un banco, pero de repente el Rorro empezó a llorar, porque le tocaba comer; a ella le dio tanta pena que lo volvió a recoger. Su marido se enojó aún más con ella. Él decidió llevar al niño a un callejón y dejarlo en algún coche. Encontraron un coche con la puerta abierta y lo dejó dentro. Ellos empezaron a caminar sin mirar a atrás porque sino lo volverían a recoger. Al cabo de diez minutos, ellos ya habían andado mucho y los dos se miraron, y decidieron ir a buscarlo otra vez, aun que sabían que lo más seguro es que no estuviera. Cuando llegaron, el Rorro aún estaba allí, ella se apresuraron cogerlo, y de repente salio de un portal el propietario del vehículo. El señor empezó a vocear diciendo que le estaban robando el coche. El señor no dejaba que ellos le explicaran lo que pasaba, la mujer se hartó y se metió de repente en el coche para sacar al Rorro, y que el señor viera que lo que ellos pretendían decirle es que habían dejado a su hijo abandonado allí y volvieron a recogerlo porque les daba mucha pena. El señor se disculpó, porque se pensaba lo que no era. Ellos aceptaron sus disculpas. Cuando llegaron a casa no volvieron a perder de vista al Rorro.
Su marido se enfadó con ella porque habían quedado en dejarlo en la iglesia y la mujer no lo cumplió. Se pararon en la siguiente iglesia que vieron y ella dejo al Rorro en un banco, pero de repente el Rorro empezó a llorar, porque le tocaba comer; a ella le dio tanta pena que lo volvió a recoger. Su marido se enojó aún más con ella. Él decidió llevar al niño a un callejón y dejarlo en algún coche. Encontraron un coche con la puerta abierta y lo dejó dentro. Ellos empezaron a caminar sin mirar a atrás porque sino lo volverían a recoger. Al cabo de diez minutos, ellos ya habían andado mucho y los dos se miraron, y decidieron ir a buscarlo otra vez, aun que sabían que lo más seguro es que no estuviera. Cuando llegaron, el Rorro aún estaba allí, ella se apresuraron cogerlo, y de repente salio de un portal el propietario del vehículo. El señor empezó a vocear diciendo que le estaban robando el coche. El señor no dejaba que ellos le explicaran lo que pasaba, la mujer se hartó y se metió de repente en el coche para sacar al Rorro, y que el señor viera que lo que ellos pretendían decirle es que habían dejado a su hijo abandonado allí y volvieron a recogerlo porque les daba mucha pena. El señor se disculpó, porque se pensaba lo que no era. Ellos aceptaron sus disculpas. Cuando llegaron a casa no volvieron a perder de vista al Rorro.
El conformista ( fragmento )
Quadri vestía, con la preferencia del jorobado por los colores claros, un traje deportivo de color tórtola. Debajo de la americana llevaba una camisa a cuadros rojos y verdes, de vaquero norteamericano, y una corbata llamativa. Yendo al encuentro de Marcello dijo, con tono cordial y a la vez del todo indiferente:
-Clerici ¿no?... seguro, me acuerdo muy bien de usted... porque además fue el último estudiante que me visitó antes de que abandonara Italia... estoy muy contento de volver a verle, Clerici.
También la voz, pensó Marcello, seguía siendo la misma: suavísima y a la vez casual, afectuosa y a la vez distraída. Mientras, le presentaba su mujer a Quadri, el cual, con galantería tal vez ostentosa, se inclinaba para besar la mano que Giulia le tendía. Cuando se hubieron sentado, Marcello dijo, con embarazo:
-Estoy en París en viaje de novios y se me ha ocurrido venir a verle... era usted mi profesor... pero quizá le he incomodado.
-No, querido hijo -respondió Quadri con su habitual suavidad melosa-, no, al contrario, me ha dado una satisfacción... ha hecho muy bien pensando en mí... quienquiera que venga de Italia es aquí bien recibido por mí -cogió de la mesa una caja de cigarrillos, miró dentro y, viendo que no contenía más que uno, se lo ofreció con un suspiro a Giulia-: Coja, señora... yo no fumo, y mi mujer tampoco, y por eso siempre nos olvidamos de que a los demás les gusta fumar... ¿le agrada París? Supongo que no será la primera vez que viene...
De modo que Quadri, pensó Marcello, quería mantener una conversación convencional. Contestó por Giulia:
-Sí, es la primera vez para los dos.
-En ese caso -dijo Quadri solícitamente-, les envidio... siempre es de envidiar el que llega por primera vez a esta hermosísima ciudad... y por añadidura en viaje de novios, y en esta estación, la mejor de París -suspiró de nuevo y preguntó cortésmente a Giulia-: ¿Y qué impresión le ha causado París, señora?
-¿A mí? -dijo Giulia, mirando no a Quadri sino a su marido-. La verdad, todavía no he tenido tiempo de verla... llegamos ayer.
-Ya verá, señora, es una ciudad muy hermosa, mejor hermosísima -dijo Quadri con acento neutro y como pensando en otra cosa-. Y cuanto más la vives, más conquistado quedas por su belleza... pero, señora, no se fije usted tan sólo en los monumentos, que sin duda son notables, aunque no superiores a los de las ciudades italianas... pasee, haga que su marido la acompañe por las barriadas de París... la vida tiene en esta ciudad una variedad de aspectos verdaderamente sorprendente...
-Por ahora hemos visto poco -dijo Giulia, que no parecía darse cuenta del carácter convencional y casi irónico de las palabras de Quadri. Y luego, volviéndose hacia su marido y extendiendo una mano para tocar la suya acariciadoramente-: Pero pasearemos, ¿no es cierto, Marcello?
-Desde luego -dijo Marcello.
-Deberían -continuó Quadri siempre con el mismo tono-, deberían sobre todo conocer al pueblo francés... es un pueblo simpático... inteligente, libre.
-Clerici ¿no?... seguro, me acuerdo muy bien de usted... porque además fue el último estudiante que me visitó antes de que abandonara Italia... estoy muy contento de volver a verle, Clerici.
También la voz, pensó Marcello, seguía siendo la misma: suavísima y a la vez casual, afectuosa y a la vez distraída. Mientras, le presentaba su mujer a Quadri, el cual, con galantería tal vez ostentosa, se inclinaba para besar la mano que Giulia le tendía. Cuando se hubieron sentado, Marcello dijo, con embarazo:
-Estoy en París en viaje de novios y se me ha ocurrido venir a verle... era usted mi profesor... pero quizá le he incomodado.
-No, querido hijo -respondió Quadri con su habitual suavidad melosa-, no, al contrario, me ha dado una satisfacción... ha hecho muy bien pensando en mí... quienquiera que venga de Italia es aquí bien recibido por mí -cogió de la mesa una caja de cigarrillos, miró dentro y, viendo que no contenía más que uno, se lo ofreció con un suspiro a Giulia-: Coja, señora... yo no fumo, y mi mujer tampoco, y por eso siempre nos olvidamos de que a los demás les gusta fumar... ¿le agrada París? Supongo que no será la primera vez que viene...
De modo que Quadri, pensó Marcello, quería mantener una conversación convencional. Contestó por Giulia:
-Sí, es la primera vez para los dos.
-En ese caso -dijo Quadri solícitamente-, les envidio... siempre es de envidiar el que llega por primera vez a esta hermosísima ciudad... y por añadidura en viaje de novios, y en esta estación, la mejor de París -suspiró de nuevo y preguntó cortésmente a Giulia-: ¿Y qué impresión le ha causado París, señora?
-¿A mí? -dijo Giulia, mirando no a Quadri sino a su marido-. La verdad, todavía no he tenido tiempo de verla... llegamos ayer.
-Ya verá, señora, es una ciudad muy hermosa, mejor hermosísima -dijo Quadri con acento neutro y como pensando en otra cosa-. Y cuanto más la vives, más conquistado quedas por su belleza... pero, señora, no se fije usted tan sólo en los monumentos, que sin duda son notables, aunque no superiores a los de las ciudades italianas... pasee, haga que su marido la acompañe por las barriadas de París... la vida tiene en esta ciudad una variedad de aspectos verdaderamente sorprendente...
-Por ahora hemos visto poco -dijo Giulia, que no parecía darse cuenta del carácter convencional y casi irónico de las palabras de Quadri. Y luego, volviéndose hacia su marido y extendiendo una mano para tocar la suya acariciadoramente-: Pero pasearemos, ¿no es cierto, Marcello?
-Desde luego -dijo Marcello.
-Deberían -continuó Quadri siempre con el mismo tono-, deberían sobre todo conocer al pueblo francés... es un pueblo simpático... inteligente, libre.
Sus días. Cuentos romanos. A. MORAVIA
Dicen que a los romanos el siroco no les hace efecto: han nacido con él. Pero yo soy romano, nacido y bautizado en la Plaza Campitelli, y el siroco me saca de mis casillas. Mi madre, que lo sabe, cuando ve por la mañana el cielo blanco y siente el aire pegajoso, y luego me mira y ve que tengo los ojos turbios y la palabra escasa, siempre me recomienda, mientras me visto para ir a trabajar:
—Conserva la calma... No te enfades... Contrólate.
Mi madre, pobrecilla, me lo recomienda porque sabe que en esos días puede darse que acabe en la cárcel o en el hospital. Ella los llama «mis días». Les dice a las vecinas:
—Gigi, esta mañana, se ha ido con una cara que metía miedo... Claro, son sus días.
A pesar de que soy bajo, menudo y sin nada de músculos, en los días de siroco me entra el prurito de buscar pelea o, como decimos los romanos, de armar camorra. Voy por ahí mirando a los hombres, sobre todo a los forzudos, y pienso: «A ése, de un puñetazo, le rompería la nariz... Y a ese otro me gustaría hacerlo saltar a patadas en el trasero... ¿Y a ése? Un par de bofetadas que le pusieran la cara morada.» Sueños; en realidad, todos son más fuertes que yo. Para pegar a alguien tendría que habérmelas con un niño. Y aun así... Hay algunos chicos sueltos de manos, pérfidos, que se lanzan con la cabeza gacha y a lo mejor te largan una patada al bajo vientre, que a mí me dan miedo.
Para colmo de desgracia, he elegido un oficio que no me va bien: camarero en un café. Los camareros, ya se sabe, tienen que ser amables suceda lo que suceda. La amabilidad, en su caso, es como la servilleta que llevan al hrazo, como la bandeja en la que traen las bebidas: un instrumento del oficio. Dicen que los camareros tienen los pies llenos de callos. Yo no los tengo, pero es como si los tuviese, y los clientes no hacen más que pisármelos. Con mi sensibilidad, la mínima observación, la mínima grosería me enfurece. Y, en cambio, me toca tragármela, inclinarme, sonreír, halagar. Pero se me pone en la cara un tic nervioso que es la señal de mi bilis. Los del café, que lo saben, cuando me ven torcer la cara dicen enseguida:
—Eh, Gigi!... ¿Te ha ido mal? ¿Qué te han hecho?
En resumidas cuentas, se burlan. Pero algunas veces logro desahogar estas enormes ganas de insultar y de agredir. Elijo un lugar muy concurrido, una plaza, un local público, busco a mi tipo después de una larga observación, lo ataco con un pretexto cualquiera, lo ofendo. Naturalmente, él intenta lanzarse contra mí, pero de inmediato lo contienen cuatro o cinco pacificadores, se meten en medio. Yo me aprovecho para insultarlo aún más, bien a gusto, y luego me alejo. Y ese día me siento mejor.
Bueno, una de esas mañanas que el siroco podía cortarse con un cuchillo salí con el diablo en el cuerpo. Una frase, sobre todo, rondaba mis oídos: «Si no te callas, te hago comer tu sombrero.» ¿Dónde la había oído? Misterio; quizás el siroco me la había sugerido en sueños. Siempre revolviendo estas palabras en mi cabeza, cogí el tranvía para ir al café, un local hacia la Plaza Fiume.
—Conserva la calma... No te enfades... Contrólate.
Mi madre, pobrecilla, me lo recomienda porque sabe que en esos días puede darse que acabe en la cárcel o en el hospital. Ella los llama «mis días». Les dice a las vecinas:
—Gigi, esta mañana, se ha ido con una cara que metía miedo... Claro, son sus días.
A pesar de que soy bajo, menudo y sin nada de músculos, en los días de siroco me entra el prurito de buscar pelea o, como decimos los romanos, de armar camorra. Voy por ahí mirando a los hombres, sobre todo a los forzudos, y pienso: «A ése, de un puñetazo, le rompería la nariz... Y a ese otro me gustaría hacerlo saltar a patadas en el trasero... ¿Y a ése? Un par de bofetadas que le pusieran la cara morada.» Sueños; en realidad, todos son más fuertes que yo. Para pegar a alguien tendría que habérmelas con un niño. Y aun así... Hay algunos chicos sueltos de manos, pérfidos, que se lanzan con la cabeza gacha y a lo mejor te largan una patada al bajo vientre, que a mí me dan miedo.
Para colmo de desgracia, he elegido un oficio que no me va bien: camarero en un café. Los camareros, ya se sabe, tienen que ser amables suceda lo que suceda. La amabilidad, en su caso, es como la servilleta que llevan al hrazo, como la bandeja en la que traen las bebidas: un instrumento del oficio. Dicen que los camareros tienen los pies llenos de callos. Yo no los tengo, pero es como si los tuviese, y los clientes no hacen más que pisármelos. Con mi sensibilidad, la mínima observación, la mínima grosería me enfurece. Y, en cambio, me toca tragármela, inclinarme, sonreír, halagar. Pero se me pone en la cara un tic nervioso que es la señal de mi bilis. Los del café, que lo saben, cuando me ven torcer la cara dicen enseguida:
—Eh, Gigi!... ¿Te ha ido mal? ¿Qué te han hecho?
En resumidas cuentas, se burlan. Pero algunas veces logro desahogar estas enormes ganas de insultar y de agredir. Elijo un lugar muy concurrido, una plaza, un local público, busco a mi tipo después de una larga observación, lo ataco con un pretexto cualquiera, lo ofendo. Naturalmente, él intenta lanzarse contra mí, pero de inmediato lo contienen cuatro o cinco pacificadores, se meten en medio. Yo me aprovecho para insultarlo aún más, bien a gusto, y luego me alejo. Y ese día me siento mejor.
Bueno, una de esas mañanas que el siroco podía cortarse con un cuchillo salí con el diablo en el cuerpo. Una frase, sobre todo, rondaba mis oídos: «Si no te callas, te hago comer tu sombrero.» ¿Dónde la había oído? Misterio; quizás el siroco me la había sugerido en sueños. Siempre revolviendo estas palabras en mi cabeza, cogí el tranvía para ir al café, un local hacia la Plaza Fiume.
La romana ( fragmento 2 )
A veces, oyendo aquellas músicas, llegaba a llorar por la amargura de sentirme excluida. Entonces era muy sentimental y cualquier cosa, una desatención de una amiga, un reproche de mi madre, una escena conmovedora en el cine, bastaba para hacerme derramar unas lágrimas. Es posible que nunca hubiera experimentado ese sentimiento de un mundo feliz y prohibido si mi madre no me hubiera mantenido
durante mi infancia tan alejada de aquel parque de atracciones como de cualquier otra diversión. Pero la viudez de mi madre, su pobreza y, sobre todo, su hostilidad para con las distracciones de las que su suerte había sido tan avara, no me permitieron poner los pies en el parque de atracciones ni en ningún otro lugar de
diversión hasta mucho más tarde, cuando ya era muchacha y mi carácter estaba formado. Probablemente se debe a esto que toda la vida haya experimentado una sospecha de estar excluida del mundo alegre y brillante de la felicidad. Sospecha de la que no consigo liberarme en ningún momento, ni siquiera cuando estoy segura
de ser feliz.
Ya he dicho que entonces pensaba sobre todo en casarme y ahora puedo explicar cómo se me ocurría este pensamiento. La calle del barrio suburbano en la que se alzaba nuestra casa penetraba un poco más arriba en una zona menos pobre. En vez de las alargadas y bajas casas de los ferroviarios que parecían cansados y polvorientos vagones de tren, surgían numerosos chalets rodeados de jardines. No eran lujosos, pues en ellos habitaban empleados y pequeños comerciantes, pero, comparados con nuestra sórdida casa, daban la sensación de una vida más desahogada y alegre. Ante todo, eran distintos el uno del otro y no mostraban los desconchados, los renegridos y las grietas que en mi casa y en las otras como la mía hacían pensar en un antiguo desamor de sus habitantes, y después, los pequeños pero espesos jardines que los rodeaban sugerían la idea de una celosa intimidad, apartada de la confusión y de la promiscuidad de la calle. En cambio, en mi casa la calle estaba por todas partes: en el amplio zaguán, que parecía un almacén para guardar mercancías, en la escalera ancha, sucia y desnuda, y hasta en las habitaciones cuyos muebles desvencijados y amontonados hacían pensar en los ropavejeros que, para venderlos, los exponen así en las aceras.
durante mi infancia tan alejada de aquel parque de atracciones como de cualquier otra diversión. Pero la viudez de mi madre, su pobreza y, sobre todo, su hostilidad para con las distracciones de las que su suerte había sido tan avara, no me permitieron poner los pies en el parque de atracciones ni en ningún otro lugar de
diversión hasta mucho más tarde, cuando ya era muchacha y mi carácter estaba formado. Probablemente se debe a esto que toda la vida haya experimentado una sospecha de estar excluida del mundo alegre y brillante de la felicidad. Sospecha de la que no consigo liberarme en ningún momento, ni siquiera cuando estoy segura
de ser feliz.
Ya he dicho que entonces pensaba sobre todo en casarme y ahora puedo explicar cómo se me ocurría este pensamiento. La calle del barrio suburbano en la que se alzaba nuestra casa penetraba un poco más arriba en una zona menos pobre. En vez de las alargadas y bajas casas de los ferroviarios que parecían cansados y polvorientos vagones de tren, surgían numerosos chalets rodeados de jardines. No eran lujosos, pues en ellos habitaban empleados y pequeños comerciantes, pero, comparados con nuestra sórdida casa, daban la sensación de una vida más desahogada y alegre. Ante todo, eran distintos el uno del otro y no mostraban los desconchados, los renegridos y las grietas que en mi casa y en las otras como la mía hacían pensar en un antiguo desamor de sus habitantes, y después, los pequeños pero espesos jardines que los rodeaban sugerían la idea de una celosa intimidad, apartada de la confusión y de la promiscuidad de la calle. En cambio, en mi casa la calle estaba por todas partes: en el amplio zaguán, que parecía un almacén para guardar mercancías, en la escalera ancha, sucia y desnuda, y hasta en las habitaciones cuyos muebles desvencijados y amontonados hacían pensar en los ropavejeros que, para venderlos, los exponen así en las aceras.
Cara de salchichero
No soy precisamente feo, aunque sea bajito: rubio, con una cara blanca y roja, ojos celestes. De niño, mi madre decía que me parecía en todo al Niño Jesús: luego, al crecer, cambié un poco por culpa de que tengo la nariz con las ventanillas muy abiertas y la boca algo torcida; de modo que los amigos, quién sabe por qué, empezaron enseguida a llamarme «el salchichero». Sin embargo, no soy feo, como ya dije; pero como siempre estaba tan atareado con el comercio, había dedicado poco tiempo a las chicas, hasta ahora. Pero ya tenía dinero y también tiempo, de forma que decidí encontrar una chica.
Empecé a buscarla. Por la mañana, hacia el mediodía, salía en coche y corría a los barrios altos. Pasaba y repasaba de arriba abajo por vía Véneto y luego recorría de cabo a rabo Villa Borghese, via Pinciana, el Muro Torto. Pensaba justamente que esos eran los sitios mejores para asediar a las mujeres, ante todo porque las chicas guapas de Roma van por allí a lucirse y a presumir con sus trajes nuevos, y además porque son sitios amplios, poco frecuentados, donde un coche puede seguir a una mujer y la mujer puede aceptar subir en él sin llamar la atención. Seguía, pues, a una u otra chica, con el coche, a paso de hombre y, en un lugar propicio, abría la portezuela y decía, asomándome:
—Señorita, ¿me permite que la acompañe? —o algo por el estilo.
¿Lo creerán ustedes? Nunca aceptó ninguna. Unas seguían su camino como si no me hubieran visto ni oído; otras respondían, secamente.
—No, gracias, prefiero caminar.
Y otras, más descorteses:
—¡Déjeme en paz o llamo a un guardia!
Una me dijo un día: «Cierra el pico, cataplasma», que significa precisamente un hombre que fastidia a las mujeres en la calle.
Empecé a buscarla. Por la mañana, hacia el mediodía, salía en coche y corría a los barrios altos. Pasaba y repasaba de arriba abajo por vía Véneto y luego recorría de cabo a rabo Villa Borghese, via Pinciana, el Muro Torto. Pensaba justamente que esos eran los sitios mejores para asediar a las mujeres, ante todo porque las chicas guapas de Roma van por allí a lucirse y a presumir con sus trajes nuevos, y además porque son sitios amplios, poco frecuentados, donde un coche puede seguir a una mujer y la mujer puede aceptar subir en él sin llamar la atención. Seguía, pues, a una u otra chica, con el coche, a paso de hombre y, en un lugar propicio, abría la portezuela y decía, asomándome:
—Señorita, ¿me permite que la acompañe? —o algo por el estilo.
¿Lo creerán ustedes? Nunca aceptó ninguna. Unas seguían su camino como si no me hubieran visto ni oído; otras respondían, secamente.
—No, gracias, prefiero caminar.
Y otras, más descorteses:
—¡Déjeme en paz o llamo a un guardia!
Una me dijo un día: «Cierra el pico, cataplasma», que significa precisamente un hombre que fastidia a las mujeres en la calle.
Un paseo por Sitges. Laura 1º ESO
Sitges era un pueblo marinero ; actualmente es un lugar turístico muy importante . Está a unos
Tiene 17 playas y un clima muy suave . Una parte de la población son personas que han venido de otros países y se han quedado por su clima y su tranquilidad .
La animación de las calles de Sitges no cesa ni durante el día ni durante la noche. En la época estival, el descanso en las playas, las compras en las muchas tiendas artesanales de Sitges, el placer de la buena mesa y la diversión nocturna se convierten en la agradable rutina de los visitantes. En Sitges no hay lugar para el estrés ni para el aburrimiento de quien escoge este pueblo de la costa catalana para sus vacaciones.
La presencia del deporte también se hace patente en la vida de Sitges, siendo obviamente los deportes náuticos uno de los mayores atractivos para quien busca unas vacaciones activas. Es intensa la actividad en los 3 puertos de Sitges.
A lo largo del año se organizan en Sitges diferentes actividades y eventos que, junto a las fiestas tradicionales . Destacamos por su fama mundial el Carnaval de Sitges, el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror, y el Rally de Coches de Época Barcelona-Sitges, entre otros.
las islas Eólicas. Noelia 4º ESO
Al norte de Sicilia y frente a la ciudad de Milazzo, emergen del mar siete islas de una belleza incomparable. Estas islas son de origen volcánico con una naturaleza todavía salvaje.
Las siete islas gozan de un clima suave y están poco pobladas.
Destacamos la isla de Vulcano y sus lodos termales naturales, el volcán en erupción constante de Stromboli, la reserva natural de Salina o cala Junco, en Panarea.
Las islas Eolias son un maravilloso lugar apartado idóneo donde ir a descansar, hacer excursiones a pie, en barca, bañarse en alguna de sus numerosas calas entre otras muchas actividades relacionadas con el mar.
La más famosa y peligrosa de las islas Eolias, Stromboli por su volcán.
La isla, no está demasiado habitada, ofrece unos sorprendentes contrastes de color.
En la isla se pueden realizar varias excursiones, como una visita nocturna por mar para admirar los ríos de magma que se deslizan desde lo alto del cráter; el baño en algunas de las playas o calas de arenas negras o, la más impresionante de las excursiones, la ascensión al volcán, desde donde se pueden observar, a unos 200 metros de distancia, el cráter .
Stromboli es una de las islas Eolias más famosa también por su leyenda y sus escenarios de películas.
Lípari es la mayor de las islas, la más poblada y la capital del archipiélago. Es un encantador pueblo mediterráneo de casitas blancas y calles estrechas y con una acrópolis en lo alto de la roca, repleto de vida, comercios y hoteles .
En su costa están los farallones.
La acrópolis, en lo alto de la roca y desde la que se domina todo el pueblo así como sus puertos, es el centro histórico de la isla. También destacan las murallas hechas por los españoles en el siglo XVI.
La acrópolis destaca por sus maravillosas vistas sobre el puerto.
Las siete islas gozan de un clima suave y están poco pobladas.
Destacamos la isla de Vulcano y sus lodos termales naturales, el volcán en erupción constante de Stromboli, la reserva natural de Salina o cala Junco, en Panarea.
Las islas Eolias son un maravilloso lugar apartado idóneo donde ir a descansar, hacer excursiones a pie, en barca, bañarse en alguna de sus numerosas calas entre otras muchas actividades relacionadas con el mar.
La más famosa y peligrosa de las islas Eolias, Stromboli por su volcán.
La isla, no está demasiado habitada, ofrece unos sorprendentes contrastes de color.
En la isla se pueden realizar varias excursiones, como una visita nocturna por mar para admirar los ríos de magma que se deslizan desde lo alto del cráter; el baño en algunas de las playas o calas de arenas negras o, la más impresionante de las excursiones, la ascensión al volcán, desde donde se pueden observar, a unos 200 metros de distancia, el cráter .
Stromboli es una de las islas Eolias más famosa también por su leyenda y sus escenarios de películas.
Lípari es la mayor de las islas, la más poblada y la capital del archipiélago. Es un encantador pueblo mediterráneo de casitas blancas y calles estrechas y con una acrópolis en lo alto de la roca, repleto de vida, comercios y hoteles .
En su costa están los farallones.
La acrópolis, en lo alto de la roca y desde la que se domina todo el pueblo así como sus puertos, es el centro histórico de la isla. También destacan las murallas hechas por los españoles en el siglo XVI.
La acrópolis destaca por sus maravillosas vistas sobre el puerto.
profesor triunfador , profesor fracasado
Las nueve y media. Salgo del bar donde me he tomado la pasta y el café, bajo la mirada perpleja del camarero que sin duda se pregunta por qué no desayuno en casa; voy hacia nuestro edificio y entro en el patio donde suelo aparcar mi maltrecho utilitario. Antes del accidente, a menudo coincidía con mi padre que entonces salía del otro lado del patio con su gran Mercedes, y no podía por menos de sentir esa sensación de malestar que sufre uno al ver la propia imagen de repente reflejada en un espejo imprevisto y deformante. Él, profesor universitario de física; yo, profesor universitario de literatura francesa. Él, famoso; yo, desconocido. Él, contento de su condición; yo, no. Él, perfectamente integrado y yo prácticamente marginado. Él era para mí un espejo conminatorio en el que yo me miraba con la esperanza de no encontrar parecido alguno y el temor de descubrir en cambio algún rasgo en común. Pero ¿por qué esa esperanza y ese temor? ¿No éramos acaso dos personas completamente distintas? ¿Y por qué además, ahora que el coche de mi padre ya no está estacionado en el patio al lado del mío, sufro casi un sentimiento de vacío y de desequilibrio? ¿Es posible que yo exista sólo en tanto que él existe?
De todas formas, el hecho de ejercer la misma profesión siempre me ha inspirado no sé qué sentido del ridículo, como si se tratara de una curiosa coincidencia cuyo significado no acabo de entender. Antes del accidente, sentado a la mesa frente a él a la hora de nuestros almuerzos casi siempre monótonos y silenciosos, se me ocurría imaginar conversaciones de este tipo: "Profesor, yo odio la física". "Profesor, yo odio la literatura francesa". "Profesor, no me gustas nada: eres un burgués, un príncipe de la cátedra, un hombre del establisment". "Y tú, querido profesor, has fracasado en la lucha estudiantil, y eres un don nadie en la enseñanza y en la vida". Pues sí, ¡resulta difícil convivir con el propio padre!
Lo que está muy claro es que yo he fracasado en mi trabajo de profesor. Para empezar, no me gusta dar clases aunque enseñe literatura francesa, un tema que conozco a fondo y con el que disfruto. No me gusta enseñar porque me canso -hay profesores que logran no cansarse jamás, pues convierten la clase en una rutina, pero yo no lo he conseguido- y además porque, mientras hablo desde la cátedra, no puedo por menos de pensar que mis alumnos no comprenden nada de lo que voy explicando, y que además no les importa en absoluto comprender. Pero hay otro motivo más insólito por el que no me gusta enseñar: durante la clase a menudo no puedo controlar mi entusiasmo por uno u otro autor de los que estoy hablando. Olvido entonces que estoy delante de los alumnos -las "bestias", como suelo llamarlos para mis adentros cuando estoy de mal humor- y me entretengo en divagaciones e interpretaciones de las que luego, en los momentos de lucidez, me arrepiento y avergüenzo, como si hubiera abierto mi corazón a un público indigno. Pero, ya lo he dicho, no soy un hombre rutinario, así que las horas que paso dando clase son un continuo y molesto vaivén entre el aburrimiento, cuando me limito a la información, y la rabia por haberme abandonado a las divagaciones.
De todas formas, el hecho de ejercer la misma profesión siempre me ha inspirado no sé qué sentido del ridículo, como si se tratara de una curiosa coincidencia cuyo significado no acabo de entender. Antes del accidente, sentado a la mesa frente a él a la hora de nuestros almuerzos casi siempre monótonos y silenciosos, se me ocurría imaginar conversaciones de este tipo: "Profesor, yo odio la física". "Profesor, yo odio la literatura francesa". "Profesor, no me gustas nada: eres un burgués, un príncipe de la cátedra, un hombre del establisment". "Y tú, querido profesor, has fracasado en la lucha estudiantil, y eres un don nadie en la enseñanza y en la vida". Pues sí, ¡resulta difícil convivir con el propio padre!
Lo que está muy claro es que yo he fracasado en mi trabajo de profesor. Para empezar, no me gusta dar clases aunque enseñe literatura francesa, un tema que conozco a fondo y con el que disfruto. No me gusta enseñar porque me canso -hay profesores que logran no cansarse jamás, pues convierten la clase en una rutina, pero yo no lo he conseguido- y además porque, mientras hablo desde la cátedra, no puedo por menos de pensar que mis alumnos no comprenden nada de lo que voy explicando, y que además no les importa en absoluto comprender. Pero hay otro motivo más insólito por el que no me gusta enseñar: durante la clase a menudo no puedo controlar mi entusiasmo por uno u otro autor de los que estoy hablando. Olvido entonces que estoy delante de los alumnos -las "bestias", como suelo llamarlos para mis adentros cuando estoy de mal humor- y me entretengo en divagaciones e interpretaciones de las que luego, en los momentos de lucidez, me arrepiento y avergüenzo, como si hubiera abierto mi corazón a un público indigno. Pero, ya lo he dicho, no soy un hombre rutinario, así que las horas que paso dando clase son un continuo y molesto vaivén entre el aburrimiento, cuando me limito a la información, y la rabia por haberme abandonado a las divagaciones.
Granada por Sonia 2 ESO
Paseamos por Granada antes de ir a nuestro cortijo ; compramos alfajores, turrón y caramelos para los niños. En Granada todo es bonito : los monumentos, plazas y rincones, montañas, llanuras . Nosotros no visitamos la Alhambra porque mi tío venía muy cansado de conducir toda la noche y mientras él descansaba en un bar , mi madre , mi tía y yo entrabamos cinco minutos en La Catedral . A mi lo que más me gusta es el centro , el Albaycín y el Sacromonte.
El Albaicín es un antiguo barrio musulmán que aun mantiene el trazado urbano de la época nazarí, sus calles empedradas, sus cármenes (casas de muros altos con un jardín interior o huerto). Todo son calles estrechas donde apenas hay coches .
Uno de los lugares donde se puede hacer fotos bonitas es desde el Mirador de San Nicolás.
En el Sacromonte conviven gitanos, , hosteleros, empresarios y un buen puñado de extranjeros que, se compraron una cueva, la rehabilitaron y hoy la utilizan como vivienda habitual. También las hay de alquiler. El Sacromonte sigue siendo la mejor cantera del flamenco .
Al mediodía nos fuimos a tomar cerveza y tapas y así poder reanudar el viaje hasta el cortijo. Mi madre y mi tía nacieron y se criaron allí . Hace poco mi tía lo compró con la intención de irse a vivir definitivamente cuando se jubile. Pero yo no lo creo , hará lo que ha hecho siempre viaje para el cortijo , viaje para Sabadell .
Bueno , solo os puedo decir que si os animáis , vengáis a Granada . La alegría está asegurada .
Adeu.
El Albaicín es un antiguo barrio musulmán que aun mantiene el trazado urbano de la época nazarí, sus calles empedradas, sus cármenes (casas de muros altos con un jardín interior o huerto). Todo son calles estrechas donde apenas hay coches .
Uno de los lugares donde se puede hacer fotos bonitas es desde el Mirador de San Nicolás.
En el Sacromonte conviven gitanos, , hosteleros, empresarios y un buen puñado de extranjeros que, se compraron una cueva, la rehabilitaron y hoy la utilizan como vivienda habitual. También las hay de alquiler. El Sacromonte sigue siendo la mejor cantera del flamenco .
Al mediodía nos fuimos a tomar cerveza y tapas y así poder reanudar el viaje hasta el cortijo. Mi madre y mi tía nacieron y se criaron allí . Hace poco mi tía lo compró con la intención de irse a vivir definitivamente cuando se jubile. Pero yo no lo creo , hará lo que ha hecho siempre viaje para el cortijo , viaje para Sabadell .
Bueno , solo os puedo decir que si os animáis , vengáis a Granada . La alegría está asegurada .
Adeu.
De Volgogrado a Cornellà por Katia 3 ESO
hola yo me llamo Katia .
Os voy a explicar de dónde soy. Soy de Volgogrado .
Volgogrado está situada al sureste de la parte europea de Rusia,
Su población es de un millón personas dentro de su término municipal actualmente.
Volgogrado se halla situada en la orilla derecha del río Volga . La ciudad ha crecido mucho a lo largo del río Volga , según mi abuela.
Volgogrado se considera una ciudad universitaria y uno de los principales centros estudiantiles y científicos del sur de Rusia. Está situada en la confluencia de los ríos Volga y Tsaritsa. Lo que más me gustaba, era pasear a orillas del río y ver los barcos que llevaban turistas y trabajadores de una ciudad a otra .
Desde Volgogrado para llegar a España tuvimos que atravesar Ucrania, Rumania, Hungría, Austria, Suiza, Francia y por fin España . Este verano iremos a ver a mi abuela pero el viaje lo haremos en avión porque mi madre tiene pocos días de vacaciones.
Ahora que ya llevo cuatro años en Barcelona , que tengo muchos amigos y puedo hablar con ellos , he decidido quedarme y estudiar aquí .
Aunque quizás regrese a Volgogrado algún día para quedarme. Ojalá .
Os voy a explicar de dónde soy. Soy de Volgogrado .
Volgogrado está situada al sureste de la parte europea de Rusia,
Su población es de un millón personas dentro de su término municipal actualmente.
Volgogrado se halla situada en la orilla derecha del río Volga . La ciudad ha crecido mucho a lo largo del río Volga , según mi abuela.
Volgogrado se considera una ciudad universitaria y uno de los principales centros estudiantiles y científicos del sur de Rusia. Está situada en la confluencia de los ríos Volga y Tsaritsa. Lo que más me gustaba, era pasear a orillas del río y ver los barcos que llevaban turistas y trabajadores de una ciudad a otra .
Desde Volgogrado para llegar a España tuvimos que atravesar Ucrania, Rumania, Hungría, Austria, Suiza, Francia y por fin España . Este verano iremos a ver a mi abuela pero el viaje lo haremos en avión porque mi madre tiene pocos días de vacaciones.
Ahora que ya llevo cuatro años en Barcelona , que tengo muchos amigos y puedo hablar con ellos , he decidido quedarme y estudiar aquí .
Aunque quizás regrese a Volgogrado algún día para quedarme. Ojalá .
De Nador a Hospitalet . Fátima 2 ESO

Malika tiene treinta años y hace doce que vive en Barcelona, proviene de una
aldea cercana a Nador . Su población se dedica fundamentalmente al comercio, interior y exterior, el contrabando entre las dos paises, la agricultura, la pesca ; tiene un zoco grandísimo. Malika de pequeña no fue a la escuela, trabajó en el campo hasta que se casó .
Después de unos años viviendo en la casa de sus suegros, Malika y Mohamed deciden emigrar a Barcelona.
Los primeros años en Barcelona fueron difíciles para Malika, sobre todo a la hora de buscar trabajo. Ahora ya tiene trabajo en una casa como asistenta . Ha aprendido el castellano y el catalán ya que su señora muchas veces no está en casa y le deja notas de lo que ha de hacer.
Malika echa de menos la vida en su pueblo , a su familia , sobre todo a su madre, y su trabajo en el campo.
Con gran ilusión se apuntó a la escuela de adultos y aprendió a leer y escribir. Cuando le escribe a su madre le dice que le gusta ir a la playa con sus niños. Malika tiene dos hijos, una niña y un niño: la niña nació en Nador y el niño en Barcelona.
Malika nos dice que mientras los niños sean pequeños, irá por vacaciones a Marruecos a ver a la familia, ya sabe por sus paisanos que cuando los hijos crecen, la cosa cambia.
En estos momentos está embarazada de su tercer hijo, ahora trabaja una tienda marroquí. Desearía tener algún día su propia tienda.
Suerte Malika ¡¡
Excursión a la Laguna de Tuti . David 1º ESO

Excursión con niños
El 26 Septiembre 2006, fuimos con las niñas y niños de 6º curso a la Laguna de TUTI, que se encuentra a 2 horas de Cochabamba en autobús, concretamente la visita se realizó por la Cuenca del Valle de Sacaba, que es otro valle que se encuentra entre 2600 a 2650 metros sobre el nivel del mar, rodeado por la prolongación de la Cordillera del Tunari.
Laguna de Tuti
La mañana comenzó con la actividad de la pesca. Tuve la oportunidad de comprobar la habilidad de estos niños y la facilidad que tienen usando unas artesanales cañas de pescar y de ver a las niñas como limpiaban el pescado.
Después una mamà y una compañera mía cocinaron los pescados.
También trajimos papas, arroz, yagua, ensalada, limón, refresco…
Antes de comer los niños se bañaron en la laguna a pesar de que el agua está muy fría.
Este día fue uno de lo más felices para todos .
También os animo a que vengáis a Bolivia , aquí la vida no es cara y si os gusta la naturaleza podéis hacer más excursiones , por ejemplo al Parque Nacional Tunari, al valle de Cochabamba, a Mizque, y muchos más.
Excursión a la Laguna de Tuti . David 1º ESO
Excursión con niños
El 26 Septiembre 2006, fuimos con las niñas y niños de 6º curso a la Laguna de TUTI, que se encuentra a 2 horas de Cochabamba en autobús, concretamente la visita se realizó por la Cuenca del Valle de Sacaba, que es otro valle que se encuentra entre 2600 a 2650 metros sobre el nivel del mar, rodeado por la prolongación de la Cordillera del Tunari.
Laguna de Tuti
La mañana comenzó con la actividad de la pesca. Tuve la oportunidad de comprobar la habilidad de estos niños y la facilidad que tienen usando unas artesanales cañas de pescar y de ver a las niñas como limpiaban el pescado.
Después una mamà y una compañera mía cocinaron los pescados.
También trajimos papas, arroz, yagua, ensalada, limón, refresco…
Antes de comer los niños se bañaron en la laguna a pesar de que el agua está muy fría.
Este día fue uno de lo más felices para todos .
También os animo a que vengáis a Bolivia , aquí la vida no es cara y si os gusta la naturaleza podéis hacer más excursiones , por ejemplo al Parque Nacional Tunari, al valle de Cochabamba, a Mizque, y muchos más.
El 26 Septiembre 2006, fuimos con las niñas y niños de 6º curso a la Laguna de TUTI, que se encuentra a 2 horas de Cochabamba en autobús, concretamente la visita se realizó por la Cuenca del Valle de Sacaba, que es otro valle que se encuentra entre 2600 a 2650 metros sobre el nivel del mar, rodeado por la prolongación de la Cordillera del Tunari.
Laguna de Tuti
La mañana comenzó con la actividad de la pesca. Tuve la oportunidad de comprobar la habilidad de estos niños y la facilidad que tienen usando unas artesanales cañas de pescar y de ver a las niñas como limpiaban el pescado.
Después una mamà y una compañera mía cocinaron los pescados.
También trajimos papas, arroz, yagua, ensalada, limón, refresco…
Antes de comer los niños se bañaron en la laguna a pesar de que el agua está muy fría.
Este día fue uno de lo más felices para todos .
También os animo a que vengáis a Bolivia , aquí la vida no es cara y si os gusta la naturaleza podéis hacer más excursiones , por ejemplo al Parque Nacional Tunari, al valle de Cochabamba, a Mizque, y muchos más.
Amsterdam por Cristian 3º ESO

Llegamos a Amsterdam y nos dirigimos a casa de mi abuelo (él nació en esta ciudad). El lunes fuimos hacia Harlem y mi abuelo nos explicó que las brujas de Harlem no fueron quemadas en la hoguera. Pero que nadie piense que las indultaron. En realidad fueron ahorcadas, que era la pena que las comunidades protestantes y calvinistas solían dictar para los casos de hechicería. Desde allí fuimos a pasar un par de días a Den Helder , e intentamos ver el museo marítimo pero no pudo ser . Desde allí, ya volvimos a Amsterdam .
Hemos visitado la casa museo de Ana Frank y paseado a las orillas de sus canales. También estuvimos en Bussum, un pueblo cerca de Amsterdam. El otro día estuvimos en Zeland.
Zeland es un conjunto de islas que están unidas por enormes puentes y diques que no dejan entrar el agua .
El tema es que estos diques por lo que nos han comentado se suelen cerrar solo 3 o 4 veces al año, cuando hace muy mal tiempo y hay posibilidad de subida de caudal.
Ayer nos fuimos a Enschede, un pueblo de Holanda que hace frontera con Alemania.
En Holanda las bicicletas son el vehículo muy popular y utilizado, las hay a miles, circulan por sus propios carriles-bici. Al conducir en coche por allí, hay que ir con mucho cuidado para no llevarse a algún ciclista por delante.
Cristian 3º ESO
Una visita a Estrasburgo

Hola a todos
Aquí un breve relato de mi visita a la ciudad francesa de Strasburgo.
Al llegar a la ciudad llamé por teléfono a Curro y a Jesús que estaban esperándome en la estación. En una cafeteria nos encontramos y nos fuimos caminando hasta el centro que está muy cerca y allí nos tomamos unas cervezas en un lugar muy bonito del centro histórico.
Después de conversar nos fuimos hacia el albergue de ellos y de noche nos fuimos a caminar por la ciudad .
Al día siguiente me dijeron para hacer un pequeño recorrido por la ciudad.
Estrasburgo es una ciudad importante en Europa, es sede de organizaciones importantes como el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa, entre otras. Esta ciudad es la capital de la región de Alsacia y tiene mas de 400 000 de habitantes y se encuentra bastante cerca de la frontera con Alemania.
La ciudad tiene un moderno sistema de transporte de tranvías así que nos acercamos a la plaza de la catedral; allí hay muchas tiendas de souvenirs.
Después de pasear algunas horas , ellos tenían otras actividades pero yo continué la visita a otros lugares de la ciudad...quería ver mas casas alsacianas antiguas de las que hay muchas en esta ciudad y que están bien conservadas y son muy bonitas...muchos turistas vienen a esta zona de la ciudad a verlas y grabarlas con sus cámaras de video.
La Casa Kammerzell es una de las más antiguas y más bonita construcción, tallada en madera.
Una de los lugares más visitados es la Pequeña Francia...y corresponde al Centro Histórico o parte antigua de la ciudad con casas de tipo alsaciano , de diversos colores y con entramados de madera.
Esta área de la Pequeña Francia está rodeada de canales que la separan de la ciudad y por lo tanto es como una isla....también se la conoce como la pequeña Venecia.
El Centro Histórico es Patrimonio de la Humanidad.
De Tupungato-Mendoza-Argentina a Barcelona ( J.Sandoval de 3º ESO )
Me llamo Julio y me fui de Mendoza hace 16 años con mis padres con la idea clara de regresar algún día..Bueno eso se cumplió, mis padres hace un año se volvieron a Mendoza para quedarse a vivir, yo me quedé en España solo.
Volvieron porque extrañaban la familia , la tierra , etc...todo eso está muy bien , pero al regresar se llevaron una decepcionante sorpresa. El país sigue igual.
Hace tres meses se lo replantearon y querían regresar a España, pero tienen muchos problemas económicos, así que se no ha podido ser y se han tenido quedar y seguir luchando duro ..
Lo que te quiero decir es que el viaje que hicieron durante 5 largos años no les sirvió de nada porque han vuelto a lo mismo.
Yo te aconsejo que si tienes la oportunidad de quedarte donde estás no lo dudes.
No pretendo desanimarte, no me gustaría que teniendo un futuro y una tranquilidad que tienes donde estas, lo dejes todo a la aventura.
Mis padres que se arrepienten muchísimo de haber vuelto y de tener una vejez asegurada .
Bueno te lo puedes pensar y antes de irte a otro país , te insisto, piénsalo muy bien , no dejes las cosas al azar. Un saludo.
Julio de Tupungato – Mendoza- Argentina
Volvieron porque extrañaban la familia , la tierra , etc...todo eso está muy bien , pero al regresar se llevaron una decepcionante sorpresa. El país sigue igual.
Hace tres meses se lo replantearon y querían regresar a España, pero tienen muchos problemas económicos, así que se no ha podido ser y se han tenido quedar y seguir luchando duro ..
Lo que te quiero decir es que el viaje que hicieron durante 5 largos años no les sirvió de nada porque han vuelto a lo mismo.
Yo te aconsejo que si tienes la oportunidad de quedarte donde estás no lo dudes.
No pretendo desanimarte, no me gustaría que teniendo un futuro y una tranquilidad que tienes donde estas, lo dejes todo a la aventura.
Mis padres que se arrepienten muchísimo de haber vuelto y de tener una vejez asegurada .
Bueno te lo puedes pensar y antes de irte a otro país , te insisto, piénsalo muy bien , no dejes las cosas al azar. Un saludo.
Julio de Tupungato – Mendoza- Argentina
Relatos de alumnos . Estamos en Oporto
Hola,
La semana pasada nos fuimos de viaje a Oporto con mis padres y la iaia . Os contaré las cosas que vi, y os enseñaré algunas de las fotos que hice.
El viaje a Oporto dura aproximadamente una hora y media desde Barcelona El recorrido hasta centro de la ciudad se puede hacer en metro bastante bien.
Cruzamos varias veces el puente de Luís II , que dicen que lo diseñó un discípulo de Gustave Eiffel y también nos recorrimos el otro lado del rio , donde está Villa nova de Gaia, para ver las bodegas de vino de Porto y la vista de la ciudad.
Es muy bonito pasear por el puerto y recorrer el río en barco . Este paseo es lo que más le gustó a mi iaia.
En Oporto se come bastante bacalao, arroz , verduras y el caldo que es muy parecido al caldo gallego y ponen mucha cantidad.
Porto es una ciudad grande y con muchas cuestas .El rio Duero que pasa por Oporto nos impresionó .
Paseamos por La Baixa, un barrio que está a la orilla del rio , está lleno de restaurantes y terrazas.
Fuimos las mercado del Bolhao, que también hay que verlo.
Sólo estuvimos un fin de semana pero volvimos muy contentos.
La semana pasada nos fuimos de viaje a Oporto con mis padres y la iaia . Os contaré las cosas que vi, y os enseñaré algunas de las fotos que hice.
El viaje a Oporto dura aproximadamente una hora y media desde Barcelona El recorrido hasta centro de la ciudad se puede hacer en metro bastante bien.
Cruzamos varias veces el puente de Luís II , que dicen que lo diseñó un discípulo de Gustave Eiffel y también nos recorrimos el otro lado del rio , donde está Villa nova de Gaia, para ver las bodegas de vino de Porto y la vista de la ciudad.
Es muy bonito pasear por el puerto y recorrer el río en barco . Este paseo es lo que más le gustó a mi iaia.
En Oporto se come bastante bacalao, arroz , verduras y el caldo que es muy parecido al caldo gallego y ponen mucha cantidad.
Porto es una ciudad grande y con muchas cuestas .El rio Duero que pasa por Oporto nos impresionó .
Paseamos por La Baixa, un barrio que está a la orilla del rio , está lleno de restaurantes y terrazas.
Fuimos las mercado del Bolhao, que también hay que verlo.
Sólo estuvimos un fin de semana pero volvimos muy contentos.
Relatos 1 : La provinciana. ( fragmento 2 )
Gemma, su hija, no era guapa, incluso rozaba la fealdad, pero poseía esos rasgos nobles y pronunciados que revelan su origen poco vulgar; y en ciertos momentos parecían disponerse en una especie de altiva belleza. Era alta,esbelta,huesuda,con largos y delgados muslos, ancha de hombros y con un pecho no muy desarrollado. El rostro era consumido y pálido ; sus ojos eran grandes, lentos de movimientos , con párpados salientes . Tenía una nariz aquilina, boca grande y un cutis delicado y malsano .
Tenía muy poco de su madre, excepto la nariz; y no tenía nada de su padre, al menos al juzgar por las fotografías colgadas en la casa, donde aparecia bajo, membrudo y bonachón; había sido comerciante , había quebrado e inmediatamente después murió, dejando en la pobreza a su mujer , con la niña aún pequeña.Sin em bargo, Gemma, tan huesuda, pálida y elegante, no tenía nada de provinciana ni de mujer de su casa. Por el contrario, al verla se evocaban esas mujeres anémicas y mundanas, ciudadanas por vocación,que transcurren los días tendidas en un diván y que sólo salen de noche, vestidas siempre con trajes de gala, verdaderas criaturas nocturnas, efímeras y sin salud.Pero esta apariencia era la más engañosa de todas y en cuanto a su vida, era la más monótona que se podía llevar en aquella tranquila ciudad de provincias.
Tenía muy poco de su madre, excepto la nariz; y no tenía nada de su padre, al menos al juzgar por las fotografías colgadas en la casa, donde aparecia bajo, membrudo y bonachón; había sido comerciante , había quebrado e inmediatamente después murió, dejando en la pobreza a su mujer , con la niña aún pequeña.Sin em bargo, Gemma, tan huesuda, pálida y elegante, no tenía nada de provinciana ni de mujer de su casa. Por el contrario, al verla se evocaban esas mujeres anémicas y mundanas, ciudadanas por vocación,que transcurren los días tendidas en un diván y que sólo salen de noche, vestidas siempre con trajes de gala, verdaderas criaturas nocturnas, efímeras y sin salud.Pero esta apariencia era la más engañosa de todas y en cuanto a su vida, era la más monótona que se podía llevar en aquella tranquila ciudad de provincias.
Relatos 1 : La provinciana. ( fragmento )
La ciudad, capital de provincia, tiene vida gracias a un número de empleados, profesionales y oficiales de guarnición. Como otras muchas gentes, las Foresi, que eran muy pobres, trataban de sacar provecho de estos forasteros. Y alquilaban dos o tres habitaciones de su departamento, las más hermosas, que no daban a la callejuela, sino a unos huertos incultos y luminosos que se extendían detrás de la casa.
De las dos mujeres, la madre podría tener unos cincuenta años: era baja, pingüe, de humildes vestidos y comedidos modales; pero sus manos, suaves, pequeñas y blancas,sus cabellos aún negros, peinados con cuidado en un tocado que no carecía de una anticuada coquetería; su rostro que, en medio de su leve gordura, conservaba cierta delicadeza en los rasgos, y sobre todo sus ojos, sus ojos de un azul dulce y pálido, en los que a veces aparecía una mirada singular, entre descarada y riente, hacían pensar en que unos veinte años antes debía de haber sido muy hermosa y muy diferente de lo que ahora era en porte y carácter. Vestía de esa manera informe de las amas de casa provincianas , con faldas de tela negra o gris hasta los pies, corpiños cerrados hasta el cuello, toquillas cruzadas sobre el pecho; no se daba ni siquiera un toque de polvos en las mejillas, pero se comprendía que algunos afeites y un traje menos modesto la habrían transformado en seguida. Era muy casera, y cuando no estaba en casa atareada cocinando o con labores de aguja, se ponía una piel despellejada en torno al cuello, un sombrerito negro en la cabeza y se iba a la iglesia.
De las dos mujeres, la madre podría tener unos cincuenta años: era baja, pingüe, de humildes vestidos y comedidos modales; pero sus manos, suaves, pequeñas y blancas,sus cabellos aún negros, peinados con cuidado en un tocado que no carecía de una anticuada coquetería; su rostro que, en medio de su leve gordura, conservaba cierta delicadeza en los rasgos, y sobre todo sus ojos, sus ojos de un azul dulce y pálido, en los que a veces aparecía una mirada singular, entre descarada y riente, hacían pensar en que unos veinte años antes debía de haber sido muy hermosa y muy diferente de lo que ahora era en porte y carácter. Vestía de esa manera informe de las amas de casa provincianas , con faldas de tela negra o gris hasta los pies, corpiños cerrados hasta el cuello, toquillas cruzadas sobre el pecho; no se daba ni siquiera un toque de polvos en las mejillas, pero se comprendía que algunos afeites y un traje menos modesto la habrían transformado en seguida. Era muy casera, y cuando no estaba en casa atareada cocinando o con labores de aguja, se ponía una piel despellejada en torno al cuello, un sombrerito negro en la cabeza y se iba a la iglesia.
Alberto Moravia: "Las mujeres son la parte salvaje de la humanidad" Entrevista de Marcela Smokovic, - Roma - 04/07/1985 /
El escritor Alberto Moravia, de 77 años, vive con una muchacha española llamada
Carmen Llera, que tiene menos de la mitad de sus años. Desde la altura de esa edad, el autor de Los indiferentes reflexiona y declara que llegó tarde a ser joven, por lo que ahora se dedica a recuperar el tiempo perdido. En la casa romana del novelista no existen huellas ostensibles de lo que podría llamarse la tradicional presencia femenina. Dice el escritor que "la mujer es la parte salvaje de la humanidad". Llama la atención la claridad mental del personaje. Moravia es seco en sus respuestas, pero se palpa en él la certidumbre y tranquilidad interior. La vejez y la amistad son algunos de sus grandes temas como conversador. Y, sobre todo las mujeres.
Pregunta. ¿Qué es para usted la vejez?
Respuesta. La vejez no existe. Cumplir los 77 años no ha significado nada para Carmen Llera
mí. Lo que se llama vejez es una enfermedad como cualquier otra en la cual al final uno se muere
irremisiblemente. Yo hago las mismas cosas desde que tenía 20 años, quizá más. Fui joven muy tarde.
P. Borges ha afirmado en cierta ocasión que se es viejo únicamente cuando se acaba la capacidad de
asombrarse.
R. Eso no es verdad. Piense en los adolescentes, o en los niños; los primeros no se asombran casi nunca y casi
de nada, y los niños no se sorprenden nunca de nada. No, no creo que el asombro o la sorpresa sea un
atributo específico de la juventud. El viejo es sólo un hombre que se siente viejo. Piense en don Quijote o en el
rey Lear. Don Quijote pierde jornadas enteras en La Mancha; los jóvenes no hacen nunca estas cosas. En
cuanto a mí, yo no soy viejo. Escribí m primer libro, Los indiferentes, con 16 años, y con 18 lo publiqué con
éxito. Mi adolescencia transcurrió junto con mi enfermedad. Llegué a joven tarde y ahora tengo que
recuperar el tiempo perdido.
P. ¿Escribe mejor un escritor que sufre?
R. Muchos piensan que el dolor ayuda a la creación literaria. Yo pienso todo lo contrario.
P. ¿Qué es la amistad?
R. Las amistades con los escritores son como todas las demás amistades. Muchos de mis amigos han muerto,
como Pasolini. Creo que la amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso hay que salvarla como sea.
P. ¿Qué es la mujer en su vida?
R. Mis libros son novelas dramáticas disfrazadas de novela. Los indiferentes fue una tentativa de fundir el
teatro con la novela. Me vino espontáneamente. Pero no amo mis libros. Me gustan más los de los otros. Y
por lo que se refiere a las mujeres... Las mujeres son la mitad de la humanidad. Son la humanidad salvaje,
porque han estado siempre constreñidas a permanecer en las lindes del poder social. Esto significa hoy estar
en condiciones aventajadas. Como emerge el Tercer Mundo emergen también las mujeres. En mis libros está
todo lo que yo pienso sobre las mujeres. En cuanto al amor con una mujer pienso que el amor es como un
árbol con muchas ramas y muchísimas raíces. Y la traición no se refiere al amor; la traición es una palabra
militar, quizá existe en la amistad.
POLÍTICA Y LITERATURA
P. ¿Ha pensado abandonar la literatura por la política?
R. Andreotti dijo una vez que jamás había pensado en dejar la vida política; yo, la literatura. Yo no hago de
político. No existe ningún partido que me convenza. Desde mi púlpito de estudioso he decidido combatir
contra la bomba atómica. Por otra parte, el mismo partido comunista sabe muy bien que en algunos aspectos
no pienso como ellos. Pero creo que es necesario arrancar el problema atómico al mundo político. Los
políticos son eso, políticos.
P. ¿Es usted un pacifista?
R. No tengo relaciones de ningún tipo con el pacifismo. Sin embargo, es importante saber que en 1945
existían tres bombas atómicas y que hoy hay ya 50.000. San Juan escribió el libro del Apocalipsis para los
gobernantes, los cuales ya saben que este llegará. Informar a la gente es mi deber.
P. Su último trabajo, El hombre que mira, editado hace pocas semanas, es considerado como antítético de Los
indiferentes.
R. Será verdad, si lo dicen. Es una novela romántica, no un libro pornográfico. El voyeurismo del libro es una
metáfora.
Carmen Llera, que tiene menos de la mitad de sus años. Desde la altura de esa edad, el autor de Los indiferentes reflexiona y declara que llegó tarde a ser joven, por lo que ahora se dedica a recuperar el tiempo perdido. En la casa romana del novelista no existen huellas ostensibles de lo que podría llamarse la tradicional presencia femenina. Dice el escritor que "la mujer es la parte salvaje de la humanidad". Llama la atención la claridad mental del personaje. Moravia es seco en sus respuestas, pero se palpa en él la certidumbre y tranquilidad interior. La vejez y la amistad son algunos de sus grandes temas como conversador. Y, sobre todo las mujeres.
Pregunta. ¿Qué es para usted la vejez?
Respuesta. La vejez no existe. Cumplir los 77 años no ha significado nada para Carmen Llera
mí. Lo que se llama vejez es una enfermedad como cualquier otra en la cual al final uno se muere
irremisiblemente. Yo hago las mismas cosas desde que tenía 20 años, quizá más. Fui joven muy tarde.
P. Borges ha afirmado en cierta ocasión que se es viejo únicamente cuando se acaba la capacidad de
asombrarse.
R. Eso no es verdad. Piense en los adolescentes, o en los niños; los primeros no se asombran casi nunca y casi
de nada, y los niños no se sorprenden nunca de nada. No, no creo que el asombro o la sorpresa sea un
atributo específico de la juventud. El viejo es sólo un hombre que se siente viejo. Piense en don Quijote o en el
rey Lear. Don Quijote pierde jornadas enteras en La Mancha; los jóvenes no hacen nunca estas cosas. En
cuanto a mí, yo no soy viejo. Escribí m primer libro, Los indiferentes, con 16 años, y con 18 lo publiqué con
éxito. Mi adolescencia transcurrió junto con mi enfermedad. Llegué a joven tarde y ahora tengo que
recuperar el tiempo perdido.
P. ¿Escribe mejor un escritor que sufre?
R. Muchos piensan que el dolor ayuda a la creación literaria. Yo pienso todo lo contrario.
P. ¿Qué es la amistad?
R. Las amistades con los escritores son como todas las demás amistades. Muchos de mis amigos han muerto,
como Pasolini. Creo que la amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso hay que salvarla como sea.
P. ¿Qué es la mujer en su vida?
R. Mis libros son novelas dramáticas disfrazadas de novela. Los indiferentes fue una tentativa de fundir el
teatro con la novela. Me vino espontáneamente. Pero no amo mis libros. Me gustan más los de los otros. Y
por lo que se refiere a las mujeres... Las mujeres son la mitad de la humanidad. Son la humanidad salvaje,
porque han estado siempre constreñidas a permanecer en las lindes del poder social. Esto significa hoy estar
en condiciones aventajadas. Como emerge el Tercer Mundo emergen también las mujeres. En mis libros está
todo lo que yo pienso sobre las mujeres. En cuanto al amor con una mujer pienso que el amor es como un
árbol con muchas ramas y muchísimas raíces. Y la traición no se refiere al amor; la traición es una palabra
militar, quizá existe en la amistad.
POLÍTICA Y LITERATURA
P. ¿Ha pensado abandonar la literatura por la política?
R. Andreotti dijo una vez que jamás había pensado en dejar la vida política; yo, la literatura. Yo no hago de
político. No existe ningún partido que me convenza. Desde mi púlpito de estudioso he decidido combatir
contra la bomba atómica. Por otra parte, el mismo partido comunista sabe muy bien que en algunos aspectos
no pienso como ellos. Pero creo que es necesario arrancar el problema atómico al mundo político. Los
políticos son eso, políticos.
P. ¿Es usted un pacifista?
R. No tengo relaciones de ningún tipo con el pacifismo. Sin embargo, es importante saber que en 1945
existían tres bombas atómicas y que hoy hay ya 50.000. San Juan escribió el libro del Apocalipsis para los
gobernantes, los cuales ya saben que este llegará. Informar a la gente es mi deber.
P. Su último trabajo, El hombre que mira, editado hace pocas semanas, es considerado como antítético de Los
indiferentes.
R. Será verdad, si lo dicen. Es una novela romántica, no un libro pornográfico. El voyeurismo del libro es una
metáfora.
Viaje a Londres y Escocia por Enric 1º ESO A
Estuve en Londres y en Escocia. Fui en avión y fue durante las vacaciones de verano. Estuve muy nervioso hasta llegar al destino. En Londres viajábamos en tren y en autobús, que por cierto iban al revés que aquí en Barcelona. Los coches tenían el volante al revés que aquí. Había el Big ben, tenía 61 metres de altura, la Noria más alta de Europa se llama London Eye y medía 135 metros de altura, el cambio de guardias fue impresionante ver como hacían el cambio. Visité el palacio donde vive la reina (palacio de Buckingham) me gustó mucho, era muy grande y tenía muchas salas de todo tipo. Comíamos en cualquier sitio y cenábamos en un kebab.
A Escocia también fuimos en avión, estábamos en un camping. Había gallinas, un abeto que tenía unas piñas enormes. Teníamos un coche para ir a los sitios por ejemplo: montañas, cascadas, ciudades… Los sitios no estaban nada cerca, eran quilómetros y quilómetros. Vimos el lago Ness era muy grande y estaba muy limpio. E hice escalada y llegué arriba del todo, tenia 8 metros
Enric
A Escocia también fuimos en avión, estábamos en un camping. Había gallinas, un abeto que tenía unas piñas enormes. Teníamos un coche para ir a los sitios por ejemplo: montañas, cascadas, ciudades… Los sitios no estaban nada cerca, eran quilómetros y quilómetros. Vimos el lago Ness era muy grande y estaba muy limpio. E hice escalada y llegué arriba del todo, tenia 8 metros
Enric
De Argentina a Barcelona ( Melissa de 4º ESO )
voy a explicarte mi viaje de Argentina para acá!
Soy Melisa , tengo 15 años, soy argentina pero ahora tengo la nacionalidad española por parte de mi madre, ya que ella nació acá.
El día 21 de septiembre decidimos viajar a Barcelona por temas personales; esto se llevó a cabo el día 13 de octubre de 2008, cuando mi mamá y mi hermano mayor viajaron para aca, de forma de conseguir vivienda, trabajo, escuela, etc y mi otro hermano, mi papá y yo nos quedamos en Argentina aguantando.
Para nosotros fue un momento muy duro, ya que no sabíamos cuanto tiempo íbamos a pasar sin ver a nuestra madre y nuestro hermano; pasamos 7 meses en la casa de mi tía, que se lo agradezco de corazón.
El día 8 de julio, me llaman de la compañía de viajes, con la que íbamos a viajar, diciendo que ya teníamos reservado el viaje y que el día 14 de julio viajábamos para Barcelona, e íbamos a volver a ver a mi mamá y hermano.
Nosotros estábamos muy contentos, aunque todo hay que decirlo, pero muchas ganas de viajar no tenía, quería que ellos viajen para Argentina, ya que en esos momentos tenía a mis amigos y a mi familia al lado, apoyándome, diciéndome que era fuerte y que en cualquier momento podía volar hacia Argentina que no me iba a faltar nada, ellos todavía siguen siendo mi gran apoyo, les agradezco chicos!
El día 14 de junio cuando viajamos para acá estábamos muy nerviosos, ya que podía salir cualquier imprevisto y no íbamos a poder viajar; eso sucedió, hacía 1 mes que habían cambiado las reglas para poder salir, habían quedado en que si pasaba algo, nos iban a llamar, pero eso no sucedió, para salir de Argentina teníamos que tener el pasaporte argentino y europeo, y solo teníamos el europeo. La chica que nos atendió llamó al jefe, mi padre hablaba con el jefe, pero nos decía que no, que era imposible salir, hasta que me cansé y fui a hablar yo con el jefe, yo estaba llorando, porque volver a pasar más tiempo sin la familia unida, no creía que lo podía aguantar, y le dije: -Señor llevo 7 meses sin ver a mi madre, ¿usted sabe lo que es eso? es algo que no se puede aguantar, nada mas le pido que me deje salir a ver a mi madre, nada mas pido eso- y el jefe se compadeció y nos dejó salir, por suerte, pero la condición era que no se lo teníamos que decir a nadie.
Nosotros muy agradecidos a ese hombre por supuesto no dijimos nada. Era el momento de salida y nos esperaban 14 horas de viaje hasta llegar al Aeropuerto de Barajas ( Madrid) y 1 hora más de viaje de Barajas hasta el Prat, se hicieron eternas; yo no podía dormir, estaba cansada, nerviosa, iba a entrar a otro mundo, me tenia que volver a acomodar, no sabía como, por suerte había tele en el avión porque sino me hubiese muerto! jajaj. Hasta que llegó el momento de llegar al aeropuerto de Barajas, Madrid, entregamos papeles y fue todo perfecto, salimos de Barajas y nos subimos al avión nuevamente, con mas nervios todavía, ya que tan solo quedaba 1 hora, lamentablemente no duró 1 hora, sino que casi 2 horas, ya que había mucho viento y el piloto no podía aterrizar. Cuando bajamos del avión, prácticamente fuimos corriendo a buscar las maletas, era inimaginable todo, pero era verdad, estabamos a segundos de estar toda la familia unida; agarramos las maletas y nos fuimos para afuera y ahí estaban, corrimos hacia ellos y ellos hacia nosotros, fue un momento inexplicable, genial.
Nos llevaron al piso, tenia un recinto enorme, es genial; estuvimos solo una semana en casa, hasta que los chicos de abajo, los vecinos, nos picaron y nos dijeron que bajemos, mi hermano y yo estábamos como medios idos, ya que no teníamos nada de confianza con ellos, cuando bajamos eran las 10 de la noche, y nos quedamos en el recinto hasta las 4 de la mañana con un chico, mi hermano y yo. Al otro día eran las 12 del mediodía y nos vuelven a picar para bajar a la piscina con ellos, bajamos y en esos momentos agarramos confianza con los demás, son geniales, es mas sin ellos yo no sería nada, nos queremos mucho.
El 15 de septiembre tocaba el cole, otra aventura por resolver, pero gracias a la simpatía de los chicos entramos perfecto, yo primero estuve en la clase A, Noemí fue genial , fue mi apoyo en esa clase, al ver que si iba a diversidad de catalán tenia que ir de castellano, la profesora de castellano no estaba de acuerdo y me pasaron a las clase C, en esa clase me aceptaron todos, son geniales, los amo! y este año que estoy con gente nueva que nunca creí que me iba a llevar, pero son geniaales!
Soy Melisa , tengo 15 años, soy argentina pero ahora tengo la nacionalidad española por parte de mi madre, ya que ella nació acá.
El día 21 de septiembre decidimos viajar a Barcelona por temas personales; esto se llevó a cabo el día 13 de octubre de 2008, cuando mi mamá y mi hermano mayor viajaron para aca, de forma de conseguir vivienda, trabajo, escuela, etc y mi otro hermano, mi papá y yo nos quedamos en Argentina aguantando.
Para nosotros fue un momento muy duro, ya que no sabíamos cuanto tiempo íbamos a pasar sin ver a nuestra madre y nuestro hermano; pasamos 7 meses en la casa de mi tía, que se lo agradezco de corazón.
El día 8 de julio, me llaman de la compañía de viajes, con la que íbamos a viajar, diciendo que ya teníamos reservado el viaje y que el día 14 de julio viajábamos para Barcelona, e íbamos a volver a ver a mi mamá y hermano.
Nosotros estábamos muy contentos, aunque todo hay que decirlo, pero muchas ganas de viajar no tenía, quería que ellos viajen para Argentina, ya que en esos momentos tenía a mis amigos y a mi familia al lado, apoyándome, diciéndome que era fuerte y que en cualquier momento podía volar hacia Argentina que no me iba a faltar nada, ellos todavía siguen siendo mi gran apoyo, les agradezco chicos!
El día 14 de junio cuando viajamos para acá estábamos muy nerviosos, ya que podía salir cualquier imprevisto y no íbamos a poder viajar; eso sucedió, hacía 1 mes que habían cambiado las reglas para poder salir, habían quedado en que si pasaba algo, nos iban a llamar, pero eso no sucedió, para salir de Argentina teníamos que tener el pasaporte argentino y europeo, y solo teníamos el europeo. La chica que nos atendió llamó al jefe, mi padre hablaba con el jefe, pero nos decía que no, que era imposible salir, hasta que me cansé y fui a hablar yo con el jefe, yo estaba llorando, porque volver a pasar más tiempo sin la familia unida, no creía que lo podía aguantar, y le dije: -Señor llevo 7 meses sin ver a mi madre, ¿usted sabe lo que es eso? es algo que no se puede aguantar, nada mas le pido que me deje salir a ver a mi madre, nada mas pido eso- y el jefe se compadeció y nos dejó salir, por suerte, pero la condición era que no se lo teníamos que decir a nadie.
Nosotros muy agradecidos a ese hombre por supuesto no dijimos nada. Era el momento de salida y nos esperaban 14 horas de viaje hasta llegar al Aeropuerto de Barajas ( Madrid) y 1 hora más de viaje de Barajas hasta el Prat, se hicieron eternas; yo no podía dormir, estaba cansada, nerviosa, iba a entrar a otro mundo, me tenia que volver a acomodar, no sabía como, por suerte había tele en el avión porque sino me hubiese muerto! jajaj. Hasta que llegó el momento de llegar al aeropuerto de Barajas, Madrid, entregamos papeles y fue todo perfecto, salimos de Barajas y nos subimos al avión nuevamente, con mas nervios todavía, ya que tan solo quedaba 1 hora, lamentablemente no duró 1 hora, sino que casi 2 horas, ya que había mucho viento y el piloto no podía aterrizar. Cuando bajamos del avión, prácticamente fuimos corriendo a buscar las maletas, era inimaginable todo, pero era verdad, estabamos a segundos de estar toda la familia unida; agarramos las maletas y nos fuimos para afuera y ahí estaban, corrimos hacia ellos y ellos hacia nosotros, fue un momento inexplicable, genial.
Nos llevaron al piso, tenia un recinto enorme, es genial; estuvimos solo una semana en casa, hasta que los chicos de abajo, los vecinos, nos picaron y nos dijeron que bajemos, mi hermano y yo estábamos como medios idos, ya que no teníamos nada de confianza con ellos, cuando bajamos eran las 10 de la noche, y nos quedamos en el recinto hasta las 4 de la mañana con un chico, mi hermano y yo. Al otro día eran las 12 del mediodía y nos vuelven a picar para bajar a la piscina con ellos, bajamos y en esos momentos agarramos confianza con los demás, son geniales, es mas sin ellos yo no sería nada, nos queremos mucho.
El 15 de septiembre tocaba el cole, otra aventura por resolver, pero gracias a la simpatía de los chicos entramos perfecto, yo primero estuve en la clase A, Noemí fue genial , fue mi apoyo en esa clase, al ver que si iba a diversidad de catalán tenia que ir de castellano, la profesora de castellano no estaba de acuerdo y me pasaron a las clase C, en esa clase me aceptaron todos, son geniales, los amo! y este año que estoy con gente nueva que nunca creí que me iba a llevar, pero son geniaales!
Entrevista a Alberto Moravia . ( G. Cañas)
Gabriela Cañas entrevista a Alberto Moravia .
Moravia, que estuvo en Madrid la pasada semana, asegura a sus 79 años que la característica fundamental de su vida es que ha estado más influida por las cosas que no quería que por las que quería."No quería la guerra y hubo guerra", dice. "No quería el fascismo y hubo fascismo. No quería enfermedad y he tenido enfermedad"
Pregunta. ¿A usted le gusta mucho viajar?.
Respuesta. Los viajes se basan en el exotismo. Se busca en otras partes lo que se cree que no se puede encontrar en casa. Por ejemplo, Stendhal estaba enfermo de exotismo italiano, y Merimee de exotismo español.
P. ¿El viaje es una fuente literaria o es una fuente de vida?
R. Es una fuente de vida.. nunca he escrito novelas sobre África, pero he hecho viajes bastante complicados. Por ejemplo, por dos veces he recorrido el río Congo pero no he escrito novelas sobre el Congo, sólo artículos. Todas mis novelas se desarrollan en Roma y en sus alrededores.
P. ¿Es el viaje una evasión de la vida cotidiana?
R. No. No es una fuga, una huída. Un viaje es un trauma, un choque. El viaje no es agradable. Muchas veces lo desconocido es desagradable, pero a mí me sienta bien a la salud. Me divierto mucho, pero de una manera no turística. Es como una prueba. por ejemplo, en Zaire tardé 16 horas de viaje para hacer 200 kilómetros. Dormí en el suelo o comí de lata, de pie, en la selva. Allí no hay hoteles, no hay gasolina, sólo existen los misioneros que son pobres .
P. ¿Es decadente la vida europea?. No es decadente, es cómoda.
Alberto Moravia escribió su primera novela, Los indiferentes, cuando todavía no había cumplido los 17 años. Todavía recuerda hoy que comenzó a escribirla en octubre de 1925. "Mi padre era arquitecto, pintor diletante. La mía era una familia burguesa normal. Yo soy el que no era normal. Durante mi niñez y juventud estuve enfermo. Tenía tuberculosis ósea y pasé cinco años en cama, así que leía mucho".
Su gran actividad literaria comenzó después de la II Guerra Mundial, cuando produjo Agostino, El desprecio, La campesina, El aburrimiento, La romana... Alberto Móravia no tiene descendencia. "Nunca he podido tener un hijo porque con mi primera mujer, Elsa , hubo la guerra y unos acontecimientos que nos lo impidieron . Luego, cuando quisimos tener hijos, también hubo otros problemas... Me gustan mucho los niños, pero no siento la necesidad de tenerlos".
Su novela La vida interior, publicada en 1979, fue secuestrada en Italia por obscena. Su última novela, El hombre que mira, está muy relacionada con su honda preocupación sobre la energía nuclear preocupación que trasladó al Parlamento Europeo como miembro del mismo.
Ahora está escribiendo una novela "sobre la necesidad de la familia". Se trata de una necesidad que tampoco siente él particularmente. "Supongo que si existe la familia es que existe la necesidad".
Alberto Moravia, casado desde enero con la tudelana Carmen Llera, de 31 años, estuvo en Madrid para hablar de su propia literatura y de su amigo P.Paolo.
La amistad es para Alberto Moravia "una forma de estar juntos sin hablar"; es posible que por ello se cierre en frases tajantes cuando habla de su amigo.
P. ¿Qué valora de la amistad?
R. Es una forma de estar juntos sin hablar.
P. ¿Le molesta hablar, explicarse? R. No, pero para comunicarse a través de la amistad no hacen falta palabras.
P. ¿La pérdida de una amistad es también la pérdida de una parte de sí mismo?
R. Cierto. La muerte de Paolo fue una catástrofe. Él no tenía muchos amigos. Yo tampoco tenía entonces muchos amigos. Él era uno de ellos.
P. Dijo usted una vez que los artistas rara vez son revolucionarios.
R. El arte es conservador. Conserva la realidad; la coloca fuera del tiempo. Por eso el artista tiende a ser conservador, pero como está muy cerca de la naturaleza también es revolucionario, porque la naturaleza no es conservadora.
P. Es una contradicción.
R. Pero nosotros vivimos de contradicciones.
Moravia, que estuvo en Madrid la pasada semana, asegura a sus 79 años que la característica fundamental de su vida es que ha estado más influida por las cosas que no quería que por las que quería."No quería la guerra y hubo guerra", dice. "No quería el fascismo y hubo fascismo. No quería enfermedad y he tenido enfermedad"
Pregunta. ¿A usted le gusta mucho viajar?.
Respuesta. Los viajes se basan en el exotismo. Se busca en otras partes lo que se cree que no se puede encontrar en casa. Por ejemplo, Stendhal estaba enfermo de exotismo italiano, y Merimee de exotismo español.
P. ¿El viaje es una fuente literaria o es una fuente de vida?
R. Es una fuente de vida.. nunca he escrito novelas sobre África, pero he hecho viajes bastante complicados. Por ejemplo, por dos veces he recorrido el río Congo pero no he escrito novelas sobre el Congo, sólo artículos. Todas mis novelas se desarrollan en Roma y en sus alrededores.
P. ¿Es el viaje una evasión de la vida cotidiana?
R. No. No es una fuga, una huída. Un viaje es un trauma, un choque. El viaje no es agradable. Muchas veces lo desconocido es desagradable, pero a mí me sienta bien a la salud. Me divierto mucho, pero de una manera no turística. Es como una prueba. por ejemplo, en Zaire tardé 16 horas de viaje para hacer 200 kilómetros. Dormí en el suelo o comí de lata, de pie, en la selva. Allí no hay hoteles, no hay gasolina, sólo existen los misioneros que son pobres .
P. ¿Es decadente la vida europea?. No es decadente, es cómoda.
Alberto Moravia escribió su primera novela, Los indiferentes, cuando todavía no había cumplido los 17 años. Todavía recuerda hoy que comenzó a escribirla en octubre de 1925. "Mi padre era arquitecto, pintor diletante. La mía era una familia burguesa normal. Yo soy el que no era normal. Durante mi niñez y juventud estuve enfermo. Tenía tuberculosis ósea y pasé cinco años en cama, así que leía mucho".
Su gran actividad literaria comenzó después de la II Guerra Mundial, cuando produjo Agostino, El desprecio, La campesina, El aburrimiento, La romana... Alberto Móravia no tiene descendencia. "Nunca he podido tener un hijo porque con mi primera mujer, Elsa , hubo la guerra y unos acontecimientos que nos lo impidieron . Luego, cuando quisimos tener hijos, también hubo otros problemas... Me gustan mucho los niños, pero no siento la necesidad de tenerlos".
Su novela La vida interior, publicada en 1979, fue secuestrada en Italia por obscena. Su última novela, El hombre que mira, está muy relacionada con su honda preocupación sobre la energía nuclear preocupación que trasladó al Parlamento Europeo como miembro del mismo.
Ahora está escribiendo una novela "sobre la necesidad de la familia". Se trata de una necesidad que tampoco siente él particularmente. "Supongo que si existe la familia es que existe la necesidad".
Alberto Moravia, casado desde enero con la tudelana Carmen Llera, de 31 años, estuvo en Madrid para hablar de su propia literatura y de su amigo P.Paolo.
La amistad es para Alberto Moravia "una forma de estar juntos sin hablar"; es posible que por ello se cierre en frases tajantes cuando habla de su amigo.
P. ¿Qué valora de la amistad?
R. Es una forma de estar juntos sin hablar.
P. ¿Le molesta hablar, explicarse? R. No, pero para comunicarse a través de la amistad no hacen falta palabras.
P. ¿La pérdida de una amistad es también la pérdida de una parte de sí mismo?
R. Cierto. La muerte de Paolo fue una catástrofe. Él no tenía muchos amigos. Yo tampoco tenía entonces muchos amigos. Él era uno de ellos.
P. Dijo usted una vez que los artistas rara vez son revolucionarios.
R. El arte es conservador. Conserva la realidad; la coloca fuera del tiempo. Por eso el artista tiende a ser conservador, pero como está muy cerca de la naturaleza también es revolucionario, porque la naturaleza no es conservadora.
P. Es una contradicción.
R. Pero nosotros vivimos de contradicciones.
Un Viaje a Lugo
Esa mañana nos levantamos muy temprano, queríamos aprovechar el tiempo y ver esta ciudad.
De la ciudad de Lugo partimos hacia Pedrafita; una vez allí pedimos instrucciones sobre el camino que debíamos continuar a pie, en ascenso para llegar hasta la cima y visitar una capilla abarrotada de peregrinos de todas partes.
El Parque natural de Os Ancares está bien bonito, nos comentaron que el mismo es territorio de paso del oso pardo.
La sierra tiene pequeños valles que se encuentran entre montañas altísimas.
Hemos hecho unas fotos muy bonitas de aquí. También cuando ibamos por la autopista del Norte impresiona ver el verde de la naturaleza, ver desde la carretera la altura impresionante de sus montañas .
Los que vivimos en ciudades tenemos parques pero no es lo mismo.
En las termas romanas había muchísima agua y también lodo, para hacer terapias de todo tipo .
Regresamos de Pedrafita a Lugo y fuimos a comer a una casa de comidas caseras . ¡Qué bueno estaba toda la carne , verdura etc . pero las cañas rellenas de postre estaban deliciosas.
J C 1º ESO
De la ciudad de Lugo partimos hacia Pedrafita; una vez allí pedimos instrucciones sobre el camino que debíamos continuar a pie, en ascenso para llegar hasta la cima y visitar una capilla abarrotada de peregrinos de todas partes.
El Parque natural de Os Ancares está bien bonito, nos comentaron que el mismo es territorio de paso del oso pardo.
La sierra tiene pequeños valles que se encuentran entre montañas altísimas.
Hemos hecho unas fotos muy bonitas de aquí. También cuando ibamos por la autopista del Norte impresiona ver el verde de la naturaleza, ver desde la carretera la altura impresionante de sus montañas .
Los que vivimos en ciudades tenemos parques pero no es lo mismo.
En las termas romanas había muchísima agua y también lodo, para hacer terapias de todo tipo .
Regresamos de Pedrafita a Lugo y fuimos a comer a una casa de comidas caseras . ¡Qué bueno estaba toda la carne , verdura etc . pero las cañas rellenas de postre estaban deliciosas.
J C 1º ESO
Carta de Alberto Moravia a Nicola
Tu familia te manda decir que está bien, que recibieron las cartas y las fotografías y te desean muchas felicidades por las Fiestas, al igual que yo.
Querido Nicola:
Debí escribirte antes, pero tuve innumerables quebraderos de cabeza y hasta esta noche me decidí a hacerlo.
Ya son muchos años que no nos vemos, pero yo he conservado intacta la amistad que nos ligaba; es más, he tenido a menudo noticias tuyas, primero a través de F, y luego por otras fuentes, así he podido, más o menos, seguir todas tus peregrinaciones.
Probablemente querrás saber lo que he hecho durante todos estos años. Y te lo diré enseguida. He trabajado mucho (luego de las Ambiciones erradas, publiqué seis libros más); realicé algunos viajes (Estados Unidos, China, Grecia); finalmente me casé —no tengo hijos—, también mi esposa escribe.
En cuanto a las últimas vicisitudes políticas que han trastornado la vida de todos, naturalmente también la mía las ha resentido. Después del 25 de julio me puse a escribir artículos antifascistas, de tal suerte que, el 8 de septiembre, tuve que escapar. Escapé a una montaña salvaje de Ciociaria, donde viví durante nueve meses junto con mi esposa en un establo sin puertas y sin ventanas, junto a campesinos increíblemente primitivos. Fui liberado por la avanzada norteamericana de Cassino; durante esos nueve meses pude ver cosas bastante insólitas.
Hoy ya me encuentro nuevamente en mi casa; y ahora, si quieres, te diré algunas cosas sobre Italia. Italia ha sido asesinada, tanto por los propios italianos como por los otros, nadie que viva en el extranjero y, sobre todo, en Estados Unidos, puede darse cuenta de la terrible situación moral y física en la que ha caído este país; no hay trenes, no hay automóviles, muchas ciudades y pueblos están completamente destruidos y los habitantes carecen de vestido, de utensilios, de casa, de todo, viven en chozas o en campos de concentración. Las ciudades que más o menos han quedado intactas, como Roma y Nápoles, están llenas de prostitutas, de ladrones, de torvos traficantes, de limpiabotas, y de toda suerte de mierda. En el campo hemos regresado al bandidaje. A todo esto agrégale la guerra, que continúa, y que ha reducido a ruinas la mejor parte de Italia. De los lugares donde se han ido retirando, los alemanes han destruido cuidadosamente toda industria, incluso la más pequeña, los bombardeos han realizado el resto.
Entre Nápoles y Roma, las ciudades y los pueblos están completamente destruidos. Casi todos los castillos romanos ya no existen. Terracina, Cisterna, Fondi, Itri, Formia Valmontone, etcétera, ya no existen. Los alemanes inundaron toda la zona de Littoria, de tal suerte que regresó la malaria, como hace un siglo. En la ciudad, el hambre y los trabajos pesados han propagado la tuberculosis de una manera extraordinaria; hasta ahora, para todos estos males, no se han encontrado los remedios.
Es muy difícil, después de haber hablado del aspecto negativo de la situación, delinear lo positivo. Evidentemente existirá alguno, porque el pueblo italiano todavía existe, pero ahora, por lo menos, no se ve. Ciertamente, existe una fuerte actividad política, pero, por ahora, con la guerra e Italia controlada por los aliados y dividida en dos, está como sostenida en el aire. Se publican muchos periódicos, se escriben innumerables artículos, se recitan muchos discursos. Tengo la impresión que la gran mayoría del pueblo italiano, ante todo, piensa en conservarse, cosa ya bastante difícil. En realidad, la derrota no ha revelado ninguna nueva clase política, sino solamente un cierto número de individuos preparados, no mucho, a decir verdad; el resto, es decir, las nueve décimas de la población, tiene las ideas muy confusas y no sabe de qué lado ponerse. Los partidos de izquierda, sobre todo los comunistas, dan muchas señales, pero esto, a mi parecer, todavía no es un signo de madurez política. El fascismo ha dejado una inmensa y desastrosa herencia de ignorancia y de materialismo, y se necesitará tiempo antes de que la gente se acostumbre a pensar por sí misma y a pensar de una manera desinteresada.
Como puedes ver, el cuadro es más bien negro; esto no quita que sea legítimo pensar que las cosas podrían mejorar algún día, pero no muy pronto.
Esta carta podría ser diez veces más larga, pero el jugo sería el mismo. Esperemos que en Estados Unidos se den cuenta que este desventurado país está agonizando y que necesita urgentemente de ayuda. Evidentemente, la culpa de todo esto se remonta a los propios italianos, pero los problemas en el mundo no se resuelven intentando buscar al culpable; además, no sólo los italianos son culpables.
Adiós querido Nicola, me enteré que te casaste de nuevo, te deseo lo mejor para ti y para tu esposa.
Tuyo
Alberto Moravia
Escríbeme, mándame noticias tuyas y de los amigos.
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Querido Nicola:
Debí escribirte antes, pero tuve innumerables quebraderos de cabeza y hasta esta noche me decidí a hacerlo.
Ya son muchos años que no nos vemos, pero yo he conservado intacta la amistad que nos ligaba; es más, he tenido a menudo noticias tuyas, primero a través de F, y luego por otras fuentes, así he podido, más o menos, seguir todas tus peregrinaciones.
Probablemente querrás saber lo que he hecho durante todos estos años. Y te lo diré enseguida. He trabajado mucho (luego de las Ambiciones erradas, publiqué seis libros más); realicé algunos viajes (Estados Unidos, China, Grecia); finalmente me casé —no tengo hijos—, también mi esposa escribe.
En cuanto a las últimas vicisitudes políticas que han trastornado la vida de todos, naturalmente también la mía las ha resentido. Después del 25 de julio me puse a escribir artículos antifascistas, de tal suerte que, el 8 de septiembre, tuve que escapar. Escapé a una montaña salvaje de Ciociaria, donde viví durante nueve meses junto con mi esposa en un establo sin puertas y sin ventanas, junto a campesinos increíblemente primitivos. Fui liberado por la avanzada norteamericana de Cassino; durante esos nueve meses pude ver cosas bastante insólitas.
Hoy ya me encuentro nuevamente en mi casa; y ahora, si quieres, te diré algunas cosas sobre Italia. Italia ha sido asesinada, tanto por los propios italianos como por los otros, nadie que viva en el extranjero y, sobre todo, en Estados Unidos, puede darse cuenta de la terrible situación moral y física en la que ha caído este país; no hay trenes, no hay automóviles, muchas ciudades y pueblos están completamente destruidos y los habitantes carecen de vestido, de utensilios, de casa, de todo, viven en chozas o en campos de concentración. Las ciudades que más o menos han quedado intactas, como Roma y Nápoles, están llenas de prostitutas, de ladrones, de torvos traficantes, de limpiabotas, y de toda suerte de mierda. En el campo hemos regresado al bandidaje. A todo esto agrégale la guerra, que continúa, y que ha reducido a ruinas la mejor parte de Italia. De los lugares donde se han ido retirando, los alemanes han destruido cuidadosamente toda industria, incluso la más pequeña, los bombardeos han realizado el resto.
Entre Nápoles y Roma, las ciudades y los pueblos están completamente destruidos. Casi todos los castillos romanos ya no existen. Terracina, Cisterna, Fondi, Itri, Formia Valmontone, etcétera, ya no existen. Los alemanes inundaron toda la zona de Littoria, de tal suerte que regresó la malaria, como hace un siglo. En la ciudad, el hambre y los trabajos pesados han propagado la tuberculosis de una manera extraordinaria; hasta ahora, para todos estos males, no se han encontrado los remedios.
Es muy difícil, después de haber hablado del aspecto negativo de la situación, delinear lo positivo. Evidentemente existirá alguno, porque el pueblo italiano todavía existe, pero ahora, por lo menos, no se ve. Ciertamente, existe una fuerte actividad política, pero, por ahora, con la guerra e Italia controlada por los aliados y dividida en dos, está como sostenida en el aire. Se publican muchos periódicos, se escriben innumerables artículos, se recitan muchos discursos. Tengo la impresión que la gran mayoría del pueblo italiano, ante todo, piensa en conservarse, cosa ya bastante difícil. En realidad, la derrota no ha revelado ninguna nueva clase política, sino solamente un cierto número de individuos preparados, no mucho, a decir verdad; el resto, es decir, las nueve décimas de la población, tiene las ideas muy confusas y no sabe de qué lado ponerse. Los partidos de izquierda, sobre todo los comunistas, dan muchas señales, pero esto, a mi parecer, todavía no es un signo de madurez política. El fascismo ha dejado una inmensa y desastrosa herencia de ignorancia y de materialismo, y se necesitará tiempo antes de que la gente se acostumbre a pensar por sí misma y a pensar de una manera desinteresada.
Como puedes ver, el cuadro es más bien negro; esto no quita que sea legítimo pensar que las cosas podrían mejorar algún día, pero no muy pronto.
Esta carta podría ser diez veces más larga, pero el jugo sería el mismo. Esperemos que en Estados Unidos se den cuenta que este desventurado país está agonizando y que necesita urgentemente de ayuda. Evidentemente, la culpa de todo esto se remonta a los propios italianos, pero los problemas en el mundo no se resuelven intentando buscar al culpable; además, no sólo los italianos son culpables.
Adiós querido Nicola, me enteré que te casaste de nuevo, te deseo lo mejor para ti y para tu esposa.
Tuyo
Alberto Moravia
Escríbeme, mándame noticias tuyas y de los amigos.
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Cartas a Alberto
Querido Alberto, .
te envío esta carta para que me des un consejo. Es una novela, pero no está escrita como están escritas las verdaderas novelas: su lenguaje es el que se utiliza para las cartas privadas y también para la poesía;
Habitualmente en la novela el narrador desaparece, para dejar su sitio a una figura convencional que es la única capacitada para tener una verdadera relación con el lector. ( el verdadero protagonista de la lectura de una novela es precisamente el lector).
Ahora en estas páginas he hablado al lector directamente . Esto significa que no he hecho de mi novela un «objeto», una «forma», por tanto obediente a las leyes de un lenguaje que le asegurase la necesaria distancia de mí. No: le he hablado al lector en cuanto yo mismo, en carne y hueso, tal como te escribo esta carta, o como a menudo he escrito mis poesías en italiano. (1) He hecho de la novela un objeto no sólo para el lector, sino también para mí.
No carezco de habilidad, no estoy en ayunas sobre el arte retórico y ni siquiera me falta la paciencia (ciertamente no la ilimitada paciencia que sólo se tiene cuando jóvenes): podría hacerlo, lo repito. Pero si lo hiciera ante mí tendría un solo camino: el de la evocación de la novela.
Todo lo que en esta novela es novela.
Ya no tengo ganas de jugar y por eso me he conformado con narrar como he narrado. Y éste es el consejo que te pido: lo que he escrito, ¿es suficiente para decir digna y poéticamente lo que quería decir? O acaso sería realmente necesario que volviese a escribirlo todo en otro registro, creando la ilusión maravillosa de una historia que se desarrolla por cuenta propia, en un tiempo que, para cada lector, es el tiempo de la vida vivida y que queda intacta a sus espaldas, revelando como verdaderas realidades aquellas cosas que sencillamente habían parecido naturales?
Quisiera que tuvieras en cuenta, al aconsejarme, que el protagonista de esta novela es lo que es, y aparte de las analogías entre su historia y la mía, o la nuestra analogías ambientales o psicológicas que son puros envoltorios existenciales, útiles para dar concreción a lo que acontece en el interior.
Esta novela ya no le sirve de mucho a mi vida (como las novelas o las poesías que se escriben en la juventud), no es un alegato, ¡ eh, hombres!, yo existo, sino el preámbulo de un testamento, el testimonio de esa poca sabiduría que uno ha acumulado, ¡ y que es completamente diferente de la que uno esperaba | imaginaba | !
Paolo
te envío esta carta para que me des un consejo. Es una novela, pero no está escrita como están escritas las verdaderas novelas: su lenguaje es el que se utiliza para las cartas privadas y también para la poesía;
Habitualmente en la novela el narrador desaparece, para dejar su sitio a una figura convencional que es la única capacitada para tener una verdadera relación con el lector. ( el verdadero protagonista de la lectura de una novela es precisamente el lector).
Ahora en estas páginas he hablado al lector directamente . Esto significa que no he hecho de mi novela un «objeto», una «forma», por tanto obediente a las leyes de un lenguaje que le asegurase la necesaria distancia de mí. No: le he hablado al lector en cuanto yo mismo, en carne y hueso, tal como te escribo esta carta, o como a menudo he escrito mis poesías en italiano. (1) He hecho de la novela un objeto no sólo para el lector, sino también para mí.
No carezco de habilidad, no estoy en ayunas sobre el arte retórico y ni siquiera me falta la paciencia (ciertamente no la ilimitada paciencia que sólo se tiene cuando jóvenes): podría hacerlo, lo repito. Pero si lo hiciera ante mí tendría un solo camino: el de la evocación de la novela.
Todo lo que en esta novela es novela.
Ya no tengo ganas de jugar y por eso me he conformado con narrar como he narrado. Y éste es el consejo que te pido: lo que he escrito, ¿es suficiente para decir digna y poéticamente lo que quería decir? O acaso sería realmente necesario que volviese a escribirlo todo en otro registro, creando la ilusión maravillosa de una historia que se desarrolla por cuenta propia, en un tiempo que, para cada lector, es el tiempo de la vida vivida y que queda intacta a sus espaldas, revelando como verdaderas realidades aquellas cosas que sencillamente habían parecido naturales?
Quisiera que tuvieras en cuenta, al aconsejarme, que el protagonista de esta novela es lo que es, y aparte de las analogías entre su historia y la mía, o la nuestra analogías ambientales o psicológicas que son puros envoltorios existenciales, útiles para dar concreción a lo que acontece en el interior.
Esta novela ya no le sirve de mucho a mi vida (como las novelas o las poesías que se escriben en la juventud), no es un alegato, ¡ eh, hombres!, yo existo, sino el preámbulo de un testamento, el testimonio de esa poca sabiduría que uno ha acumulado, ¡ y que es completamente diferente de la que uno esperaba | imaginaba | !
Paolo
Lúcidos, atormentados, sensibles y crueles
Hola , os escribo a todos y a todas compañeros de clase .
Cómo no sabía por dónde empezar , he buscado en internet a traves de una frase que aparece en nuestro blog y me he quedado con la pregunta ¿ a qué le llaman un ordenado caos?
1ª A La lucha diaria entre lo que debo hacer y lo que quiero hacer y no me dejan.
2ª A la lucha interior le quiero pero no me conviene.
3ª a navegar por este mundo entre lo que nos obligan las leyes y lo que nos dicta nuestro sentido común , cada día más presionado por la moda, la tele, las amigas, los amigos, el facebook, el hiv5,
4ª el ansia descontrolada de buscar la felicidad que nos lleva por caminos tan difíciles como nosotros mismos .
En fin voy a desayunar , espero no haberos cansado , si teneis ideas frescas y quereis compartirlas , aquí estoy .
Sobre todo , aparta de ti todo aquello que te haga sufrir de forma gratuita.
No quiero ser cursi , pero os quiero
Cómo no sabía por dónde empezar , he buscado en internet a traves de una frase que aparece en nuestro blog y me he quedado con la pregunta ¿ a qué le llaman un ordenado caos?
1ª A La lucha diaria entre lo que debo hacer y lo que quiero hacer y no me dejan.
2ª A la lucha interior le quiero pero no me conviene.
3ª a navegar por este mundo entre lo que nos obligan las leyes y lo que nos dicta nuestro sentido común , cada día más presionado por la moda, la tele, las amigas, los amigos, el facebook, el hiv5,
4ª el ansia descontrolada de buscar la felicidad que nos lleva por caminos tan difíciles como nosotros mismos .
En fin voy a desayunar , espero no haberos cansado , si teneis ideas frescas y quereis compartirlas , aquí estoy .
Sobre todo , aparta de ti todo aquello que te haga sufrir de forma gratuita.
No quiero ser cursi , pero os quiero
Cuentos romanos : las gafas ( fragmento )
Estas cosas yo las sabía y no las sabía, porque, aunque frecuentaba la casa, nada se traslucía. Nespola, muy viva, siempre ocupada, como mucho dejaba escapar un suspiro de cuando en cuando, y a él, además, ya le podían escupir a la cara que no se descomponía. En suma, guardaban las apariencias; pero es de creer que, a solas, ella se desespe¬raba y lloraba y que él le prometía que cambiaría de vida. Pero tan pronto como encontraba un nuevo trabajo vol¬vía a caer en lo mismo.
Natale, a primera vista, no parecía muy fuerte: de estatura mediana, corpulento, reventando en sus trajes que siempre parecían quedarle estrechos. Y en cambio era un toro; yo lo había visto levantar él solo, en el taller, un co¬checito utilitario. Esta fuerza disimulada era un poco el símbolo de su verdadero carácter, escondido también bajo una apariencia seria y comedida, Era, en resumen, lo que se llama una mosca muerta: por fuera de una mane¬ra, y por dentro, de otra. Sólo su madre, si acaso, sabía verdaderamenie cómo era.
Natale, a primera vista, no parecía muy fuerte: de estatura mediana, corpulento, reventando en sus trajes que siempre parecían quedarle estrechos. Y en cambio era un toro; yo lo había visto levantar él solo, en el taller, un co¬checito utilitario. Esta fuerza disimulada era un poco el símbolo de su verdadero carácter, escondido también bajo una apariencia seria y comedida, Era, en resumen, lo que se llama una mosca muerta: por fuera de una mane¬ra, y por dentro, de otra. Sólo su madre, si acaso, sabía verdaderamenie cómo era.
Cuentos romanos : El crimen perfecto ( fragmento )
Siempre como en un juego, y porque me causaba mucho placer, ideé un plan con todos sus detalles. Pero luego, una vez formulado este plan, me entró la tentación de aplicarlo, y esa tentación era tan fuerte que no pude resistir más y decidí pasar a la acción. Pero quizás no decidí nada y me encontré en plena acción cuando creía fantasear. Digo esto para que se vea que, como ocurre en amor, hice todo naturalmente, sin esfuerzo, sin voluntad, casi sin darme cuenta.
Empecé, pues, a decirle, entre una y otra taza de café que conocía a una chica muy guapa, que esta vez no se trataba de una de las consabidas chicas que me gustaban a mí y que luego él me birlaba, sino de una chica que había puesto sus ojos en él y que no quería a nadie más. Esto se lo repetí día tras día, una semana seguida, añadiendo siempre nuevos detalles sobre aquel amor tan ardiente y fingiendo que yo estaba celoso. Él, primero, se hizo el indiferente, y decía:
—Si me ama, que venga al bar... La invitaré a café.
Pero luego empezó a enervarse. De vez en cuando, fingiendo bromear, me preguntaba:
—-Oye.." ¿ y aquella chica?.,. ¿Me sigue amando?
Y yo le contestaba:
—¡Y hasta qué punto!
—¿Y qué dice?
—Dice que le gustas muchísimo.
—Pero ¿por qué?,. ¿Qué es lo que le gusta de mi?
—Todo: la nariz, el pelo, los ojos, la boca, la forma en que manejas la máquina del café... todo, ya te digo,..
Un fin, precisamente todas las cosas que yo odiaba en él, y por todas las que sería capaz de matarlo, fingía que eran las que habían vuelto loca a aquella muchacha de mi invención. Él sonreía y se hinchaba como un pavo porque era vanidoso y se creía quién sabe qué. Se veía que su cabecita no hacía más que pensar en ello y que quería conocer a la muchacha; sólo el orgullo le impedía pedírmelo.
Empecé, pues, a decirle, entre una y otra taza de café que conocía a una chica muy guapa, que esta vez no se trataba de una de las consabidas chicas que me gustaban a mí y que luego él me birlaba, sino de una chica que había puesto sus ojos en él y que no quería a nadie más. Esto se lo repetí día tras día, una semana seguida, añadiendo siempre nuevos detalles sobre aquel amor tan ardiente y fingiendo que yo estaba celoso. Él, primero, se hizo el indiferente, y decía:
—Si me ama, que venga al bar... La invitaré a café.
Pero luego empezó a enervarse. De vez en cuando, fingiendo bromear, me preguntaba:
—-Oye.." ¿ y aquella chica?.,. ¿Me sigue amando?
Y yo le contestaba:
—¡Y hasta qué punto!
—¿Y qué dice?
—Dice que le gustas muchísimo.
—Pero ¿por qué?,. ¿Qué es lo que le gusta de mi?
—Todo: la nariz, el pelo, los ojos, la boca, la forma en que manejas la máquina del café... todo, ya te digo,..
Un fin, precisamente todas las cosas que yo odiaba en él, y por todas las que sería capaz de matarlo, fingía que eran las que habían vuelto loca a aquella muchacha de mi invención. Él sonreía y se hinchaba como un pavo porque era vanidoso y se creía quién sabe qué. Se veía que su cabecita no hacía más que pensar en ello y que quería conocer a la muchacha; sólo el orgullo le impedía pedírmelo.
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Mohamed Makhlouf Mohamed Address: Abu Qurqas - the city of Minya - Egypt Postal code : 61622 Mobile number: 20+ 01004670989 Email: m...



